Suspiro con algo de pesadez y subo al bus del recorrido con una sensación conocida, un vacío tonto en mi pecho, como la decepción de un corazón roto. Al ver tantas caras sonrientes hago un esfuerzo para que se me olvide lo que pasó hace unos instantes y lo que seguramente me espera más tarde: Su regaño y desplante.
Todos disfrutan de la vista, del clima, la música, hacen preguntas de las cosas que ven, saludan a los transeúntes y hasta se atreven a moverse al ritmo de música autóctona que no puede estar más alejada de lo que ellos hacen, es contagiosa su alegría y el espíritu que tienen disfrutando cada pequeña cosa que pasa a su alrededor me recuerda esa misma alegría que tenía yo hace años atrás.
El viento fresco mueve mi cabello mientras relato historias de las muchas plazas y calles iluminadas con una luz amarillenta que le da un toque aún más bohemio y antiguo a esta ciudad, les cuento cómo han sido protagonistas de hechos importantes, batallas por el poder, batallas por el amor, historias románticas que levantan suspiros; otras que son famosas pues poseen leyendas, relatos de espectros y fantasmas que, dicen siguen rondando, caras de horror y sonrisas veo mientras disfrutan de la imponencia arquitectónica y belleza estructural de la ciudad.
El recorrido se detiene en un hermoso parque del centro de la ciudad, todos bajan a hacerse fotografías y disfrutar del lugar por unos momentos, me siento en una banca a esperarlos mientras recorren el sitio, sin presiones, además siento mi cabeza aún en otro lugar y debo confesar que tengo su figura atravesada en mis pensamientos.
–Aquí la vista es mucho mejor– me dice Alek acercándose a dónde me encuentro sentada y esbozo una sonrisa a su comentario, sin nada que responder.
–Me gusta el color de tu piel bajo estás luces– ladea una sonrisa que muestra su perfecta dentadura y sus delgados labios.
–Eso aplicaría para el 80% de las personas de esta ciudad– le digo sarcásticamente alzando mi ceja izquierda.
Se sienta a mi lado y se acerca a mi odio mirando en la misma dirección a la que yo miro.
–No, no, no, en eso te equivocas– Me dice –Así como muchas otras cosas el color de piel es único es cada individuo, cada persona tiene un detalle que la diferencia de las demás y tú brillas– Sonríe y me mira provocativamente hasta que una voz, bastante conocida para mí interrumpe su avance
–¡Mily!
Ay no… Otra vez, no, estoy agotada
Levanto mi cabeza hacia la voz que viene con paso enfurecido, no es fácil ignorar su gran figura, tomo lentamente respiración por mi nariz y la boto con toda la parsimonia que me permite el momento.
–Necesito hablar contigo…– Dice Zeke levantando su pecho para verse más imponente de lo que ya es.
Miro a Alek que no quita de su cara la expresión de coquetería y que ahora combina con una actitud desafiante ante quién nos interrumpió.
Lentamente me acerco a Zeke quien me toma del brazo con brusquedad. Intento quejarme ante eso pero me acerca a su cuerpo en un solo movimiento, me sorprendo a la vez que me tenso por ello, sumado a la actitud posesiva e iracunda que emana.
Sus manos recorren lentamente de mis hombros, pasando por mis brazos y mis manos, levanta mi mano derecha y la besa tiernamente y me regala una mirada profunda y demandante.
–Mily– me dice con su profunda y seductora voz de barítono, porque sí, si hay algo que aceptar es que su voz es imponente, sencillamente sensual.
–Te extraño, extraño a mi nena.
¿mi nena?
Otra cosa que odio: que me declaren de su propiedad como una cosa.
Se acerca a mí con la intención de darme un beso y no sé si es el cansancio o que realmente mi mente no está para otro drama más que lo detengo con mis manos en sus carnosos labios.
–Querido– le digo con voz sarcástica –yo no soy TU nena, jamás hemos tenido ese tipo de relación y tú eras feliz de esa manera, ¿A qué viene está actitud de reclamar algo que nunca te ha pertenecido?
Su cara se deforma y su pecho se hincha al ritmo de una errática respiración.
–Somos lo que somos porque tú así lo quisiste, pero yo no voy a dejar que nadie se lleve lo que considero mío y tú eres para mí.– me responde
Quedo estática.
En todos los años que llevo de conocerlo, como amiga, sé de sus andanzas como mujeriego, pero jamás vi que se portara territorial con alguna conquista.
–Yo soy propiedad de mi misma– es lo único que alcanzo a articularle, quedando totalmente confundida por su actitud, escucho a las personas del recorrido llamarme para continuar y me giro en mis talones dejándole de pie.
–¡Mily!– me grita, no respondo ni me giro.
–¡Te lo voy a demostrar! Dile a él que no sabe con quién se metió– me dice y sigo mi camino sin responderle.
¿A él? ¿Es por Alek? Levanto la mirada y el susodicho se encuentra esperándome en la banca con cara de extrañeza, le sonrío levemente, se levanta y me toma de la mano para llegar hasta donde están los demás, las palabras de Zeke me dejaron aún más pensativa.
El recorrido termina en el hotel y todos bajan animados, termino mi labor con quienes acompañaron y agradezco por el servicio, cuando despido a todos me encuentro con Anna en la entrada del hotel esperándome.
–Hola Mila– me saluda con una sonrisa
–Anna, buenas noches, ¿Disfrutaste del recorrido?– le pregunto con mi sonrisa falsa profesional bien adiestrada que le doy a todos mis clientes, en especial cuando estoy tan agotada como ahora.
–Lo hice– me responde –Muchas gracias, tu consejo de esta tarde, me ayudó mucho y Alonso quedó complacido– me dice
–¿Complacido?–Bufo –Pude sentir su odio llegarme hasta el alma– Ella se ríe con una carcajada que no encaja con su figura de porcelana. vaya que es linda, pienso, no puedo evitar envidiarla un poco, quien la ve creería que es la típica diva inalcanzable y engreída, pero no… y no puedo evitar sonreírle. No les voy a mentir que cuando escuché de boca de Alek que posiblemente ella y Alonso tenían una relación mi corazón se estrujó un poquito.
–De verdad, no te miento– continúa Anna –lo conozco, si bien lo sorprendiste y es algo que pocas veces se ve… ni siquiera a él se le había ocurrido esa indicación y créeme, llevaba varias semanas intentándolo y el movimiento no se veía lo suficientemente fluido como cuando lo hice como me lo dijiste, por eso te lo agradezco y aunque no lo creas él también lo hace, fuiste de mucha ayuda– Me sonríe
–Dile a tu novio que verdad lamento haber dado mi opinión, solo se me salió y no quise irrespetarlo– le dije bajando mi cabeza
–¿Novio? ¿Quién? ¿Alonso?– Anna suelta otra carcajada más sonora que la primera que menos encaja con su físico tan delicado, se agarra la barriga y se pone roja de la risa
–No, por Dios, ¿Dónde escuchaste eso?, Somos amigos, es demasiado mayor para mí gusto, tiene 37, me lleva casi 15 años, además ya hay otra persona en ese lugar de mi corazón– me dice entre risas.
Le agradezco por sus palabras, siento como si parte del peso que llevaba encima se cae de mi espalda. Anna se aleja dejándome con una sensación calurosa en mi pecho, me siento… ¿Feliz? no lo sé, hace mucho que no sé qué es eso.
El grupo y yo cenamos, Alonso no nos acompaña, al parecer no está en el hotel, suspiro y descanso aún más, no habrá regaños por el día de hoy ni miradas de color cambiante encima de mí. Algunos chicos, curiosos por lo que dije en el ensayo, me hacen conversación durante la cena sobre cómo sabía lo del giro y les cuento que hace muchos años bailaba y esa indicación nos las dio nuestra maestra de la época y yo simplemente la recordé porque tengo buena memoria restándole importancia a lo que pasó.
El día ha sido largo y duro, estoy agotada y algo más, ya no tengo más trabajo por el día de hoy y si no fuera por la comisión que recibiré a final de mes, estaría replanteando lo de estar aquí, demasiadas emociones para un solo día. Llego a mi pequeña habitación y me doy una ducha tibia y así sin más, me tiro en la cama y cierro mis ojos hasta la mañana siguiente.
¿Esto es lo me espera todo el mes? Maldito Alonso Solokov ¿Por qué tenías que reaparecer?