Subo al transporte y me siento a su lado con mi mirada fija hacia el frente, me gusta sentir su proximidad y la fuerza con la que me siento atraído hacia ella, no sabría cómo explicar bien esta sensación: es, literalmente, una fuerza invisible, una que consigue llevar mi cuerpo a hacer contacto con el suyo. Cada que mi brazo la roza, corrientes de energía surcan mi cuerpo con velocidad sin que realmente pueda y quiera, porque no, no quiero, controlar el contacto. Ella y su gravedad tiene el poder de cambiarme de lugar, romperme, deformarme, ponerme en movimiento o detenerme. Quiero decirle mil cosas, preguntarle si de verdad no sabe quién soy y que vine por ella… sin embargo nada sale de mi boca. Me maravillo con las sensaciones y observar detenidamente por el rabillo del ojo debatirse

