XIMENA En la habitación de vigilancia las chicas estaban asustadas, mientras que Ángelo golpeaba las paredes diciendo: —Ese perro, yo lo conozco, es un hombre de Max, malditos, los voy a matar a todos. Ximena lo miró aumentando su miedo. “¿Acaso Ángelo, además de ser su esposo, que tramaba algo, era también un despiadado asesino?” “¿Podría ser uno de esos locos que tienen varias personalidades”? “¿Bajo ese bello rostro vivía una legión de polos?” Ella pensaba esto y le reafirmaba que tenía que separarse de él, de alejarlo. Tenía que colocar mucha tierra entre los dos. Quizás podría vender las acciones de la empresa para irse con sus papás y hermana al sitio más apartado del planeta, a criar cabras o canguros, cambiarse de identidad, vestir como hombre, pintarse barba, o cualquier cosa co

