Hay un silencio estudiado en el coche. Creo que nadie quiere increparme viendo como salté antes y la forma en que exploté pero estoy harta de esconderme. De vivir asustada. De obedecer a un psicópata que no tiene el valor de dar la cara. Basta ya. No lo tolero más y que pase lo que tenga que pasar. Asumiré esas consecuencias cuando lleguen pero de momento, la prioridad es mi hijo. A él si no puedo tenerlo en una balanza coja. —¡¿Holli...?! —decido romper el hielo. Ella me mira enseguida —. El niño duerme —anuncio con el último hilo de calma que tengo —, dime, ¿qué coño pasó para que no estuvieras en París con mi hijo y te hablara y fingieras que sí que lo estabas? Siento la mano de Fernando acomodarse en mi muslo y darme un suave apretón pero ni siquiera él, consigue calmarme. He perdi

