Ya había pasado un mes en cama, me sentía mucho mejor y también intente estar más calmada, mentalmente me repetía que debía ser fuerte por mi hijo. Así que le pedí a Drácula me llevará al pueblo. Viajamos en el carruaje rodeado de hombres todos montados a caballo y perfectamente armados. Me sentía una prisionera. Al llegar al pueblo, la gente se inclinaba frente a nosotros, eso me hacía sentir mal, yo no era nadie mejor que ellos. Entre a una tienda donde vendían telas y estambres, todo era muy bonito, pero no estaba de humor para comenzar a bordar algo, al fin y al cabo, dentro de poco escaparía de aquí. Ya iba de regreso al carruaje, cuando me tropecé con un hombre, estaba muy harapiento, su barba le había crecido bastante y de no ser por sus hermosos ojos jamás lo hubiese reconocido.

