Vlad me arrastró hasta su habitación, esta era bastante elegante diría yo. Caballerosamente jalo una silla hacia atrás hizo un ademán para tomar asiento.
-Se que te preguntarás quién era la mujer que estaba allá abajo-, se agarró la mandíbula con desesperación -pues bien ...- se acercó a una esquina de la habitación y se sirvió una copa de sangre.
No deje que terminará la frase -Mire señor Vlad, no me interesa nada de su vida, estoy aquí en contra de mi voluntad- soné más débil de lo que quería, pero ya había empezado a hablar -No me tiene que dar explicaciones de su vida -dicho eso me levanté, camine hacia la puerta y salí dando un portazo. Ya en el pasillo camine hacia mi cuarto, sin despedirme de nadie.
Al otro día mis pies me dolían a las yeguas, jamás en la vida usa tacones y ayer los usa toda la noche.
Baje a tomar el desayuno y solo estaba Czarina en el comedor sirviendo mi plato.
-Buenos días, señora- hizo una pequeña reverencia -El señor Vlad no se encuentra hoy, fue por algunas cosas que se necesitarán para la boda, volverá hasta dentro de unos días-, dijo sirviendo mi plato.
-Gracias- dije sin ánimos
-Me encargo que le diera esto- saco de su mandil algo, se acercó a mí y yo paso una pequeña hoja en la cual observé una hermosa letra.
Querida Irina:
Tuve que marcharme repentinamente para arreglar los últimos detalles de la boda, Czarina tiene órdenes de enseñarte tus votos matrimoniales.
El juego por favor no hagas nada estúpido, el recuerdo que puedo llegar a ser muy malo si me lo propongo.
Con amor tu eterno amante Vlad.
No pude evitar rodar los ojos, este hombre jamás comprendería que jamás lo amaré.
* --- *
Por la tarde, Czarina me hizo escribir mis votos matrimoniales y repasarlos mil veces si era posible para aprenderemos.
Después de repasar por milésima vez mis votos matrimoniales Czarina entró en mi cuarto con un pequeño baúl de madera y el depósito en mi cama.
-El señor me encargo que no puedas ver el vestido hasta el día de la boda, pero sinceramente esto me emociona mucho- dijo soltando unas cuantas lagrimas -este vestido fue confeccionado especialmente para la esposa del señor, venga mídaselo- dijo mientras me empujaba al baño.
Me obligó a probarme el estúpido vestido, una vez que acabe no pude evitar verme al espejo y sentirme mal.
-Se supone que mi madre debería de ser quien haga mi vestido- envió un nudo en la garganta cuando el nombre -Mi padre y mi abuelo me entregarían en la iglesia- ahora sí, llorando como María Magdalena -Odio a Vlad- jale el vestido esperando que este se rompiera, pero no -El me arrancó mi vida- las lágrimas resbalaban por mi rostro y se perdían en mi cuello.
-Señora tranquila se lo ruego, usted no conoce al señor, él sabe porque hace las cosas- Czarina me abrazo.
En la noche no pude pegar ni un ojo, me tenía demasiado mal, quería morirme, por culpa de este maldito hombre lo perdí todo y jamás podría tener una vida normal.