Ya en el cuarto no pude parar de llorar, nunca hice nada malo como para merecer esto, siempre fui buena hija incluso cuando murió mi hermano lo cuide como si fuera mío y ahora me pasaba esto, nunca me casaría con él.
Estaba tan adentrada en mis pensamientos que no noté cuando la sirvienta de la mañana entro a la habitación.
-No llores niña, eres muy guapa como para sufrir- soltó con dulzura, tomando mi rostro entre sus manos y limpiando mis lagrimas con sus pulgares.
-Como me pide que no lloré cuando me casare con el estúpido Conde, él no me puede hacer esto- dije con rabia, a la vez que me levantaba y me alejaba de ella.
-Él te necesita demasiado, no me lo tomes a mal niña, pero mejor haz lo que te ordene para que no te trate mal, ven vamos a bañarte ya ponerte bonita para el baile de esta noche- delicadamente me guío hacia una puerta que estaba en el lado derecho de mi habitación.
- ¿A qué baile a refiere? - pregunte entrando al baño.
-Oh, con toda la conmoción que a armó allá abajo el Conde no te dijo que está noche es el baile de presentación- dijo mientras me desabrochaba el vestido harapiento que traía y abría la llave de la bañera -Él te va a presentar frente a toda la sociedad vampírica como su novia y prometida - me adentre en la bañera y ella comenzó a tallar mis brazos.
-Si no aceptó en frente de todos y mi largo, no podrá detenerme la verdad- envió un poco de esperanza.
-Si haces eso él te dejará a merced de todos los vampiros que asistan- No pude evitar sentirme horrorizado -El conde la necesita, por eso un nombre del pido que acepta su propuesta- pidió con vergüenza.
-Aceptaré porque no me deja de otra, pero si por mi fuera de mi mataría ahora mismo- solté con rabia, aunque bien podría negarme y morir, preferiría mil veces eso antes de casarme con él.
Cuando la sirvienta o Czarina se fue me dediqué un obsérvame en el espejo, tenía un hermoso vestido color vino con toques en n***o y una gargantilla de rubíes al juego, parecía de la realeza, lástima que yo no me parecía así.
Escuché unos toques en mi puerta y al abrir allí estaba el vestido igual o más elegante que yo si se pudiera, no dije nada solo tenía mi brazo y yo guío al principio de las grandes escaleras donde al fin hablo.
-Buenas noches a todos los presentes, como ya todos saben este baile es para presentar a mi novia, mi bella, Irina- sin más tomo mi mano y la beso, todos nos miraban demasiado impresionados, juraría que más de uno tenía la boca abierta.
-Esta noche delante de todos quiero pedirte amor mío que seas mi mujer y al fin nos des la paz infinita con un fruto de nuestro amor- sin más se arrodilló y saco una caja que tenía en su interior un gran anillo con un rubí rojo en el centro - ¿Qué me dices aceptas? - Me quedé congelada, esto era peor de lo que pensaba, puedo morir y ya nada importaría.
Mi mente solo me gritaba ¡Dile que NO!