105. DÉJAME SANAR TU CORAZÓN- Castillos en el aire Sonya —¡Bienvenido! —exclamo con una sonrisa, mientras me acerco a Erick, quien acaba de llegar. Verlo de regreso me llena de alegría. Estoy convencida de que muy pronto volverá a caminar. —Sonya, gracias por venir a recibirnos, pero no debiste molestarte —responde con una mezcla de gratitud y modestia. Como siempre, busca restar importancia a todo lo que lo rodea. —Sabes que más que mi paciente, eres mi amigo, Erick —le digo con sinceridad mientras lo miro directamente a los ojos—. Y tengo fe en que pronto dejarás esa silla y recuperarás tu vida normal. Sin embargo, no puedo evitar notar la sombra de tristeza que aún pesa en su mirada. La pérdida de su esposa sigue siendo una carga que lo mantiene atado, impidiéndole avanzar del tod

