Capítulo Veintiocho Es un beso muy sexy. Más caliente que todos nuestro cibersexo junto. Cuando su lengua me acaricia sensualmente mis labios y se sumerge en mi boca, siento como si todas mis papilas gustativas se hubiesen convertido en pequeños clítoris. Jadeo, me pongo de puntillas y me aprieto contra su musculoso cuerpo, rodeándole el cuello con los brazos y devolviéndole el beso con creciente fervor. Después de un par de mareantes minutos, él se aparta a regañadientes. Su voz está ronca por la frustración y su mandíbula en tensión. —Tendremos que ir saliendo. Yo le miro, pestañeando sin comprender. Estoy bastante segura de que el calor abrasador que hay entre nosotros me ha freído al menos un puñado de neuronas. —Sí. Sí... deberíamos. Él da un paso atrás y me dedica otro repaso c

