DOMINIC Catalina está extendida ante mí, y nunca he visto nada tan hermoso en toda mi vida. Excepto, por supuesto, la última vez que la vi así. Fue hace tanto tiempo que ahora parece un sueño. Un recuerdo que, en las noches largas y solitarias, vuelve para abrigarme. Pero la Catalina que está extendida ante mí sobre mi escritorio, con la cabeza echada hacia atrás, las piernas abiertas para mí, los pezones tensos al exponerse al aire… Esta Catalina es real. Es cálida. Está dispuesta. Y la deseo más que a nada. Avanzo, completamente vestido. El contraste entre nosotros es erótico. Aún llevo mi ropa, pantalones y una camisa de lino blanca. Me acerco hasta que la tela de mis pantalones roza su centro húmedo. Mierda. La humedad que deja en mí se siente como una marca. —Dominic —gime

