SAL Llegamos a Irlanda antes de que Gia se digne a hablarme de nuevo. Para ese momento, toda la ira se ha ido, desvaneciéndose como el sol poniente sobre el océano. En su lugar, sin embargo, está la abrumadora realización de que debo dejar esto ir. Gia no me quiere. O supongo que podría quererme. Pero no me quiere de la misma manera en que yo la quiero a ella. Después de verla interactuar con el francés, me queda claro que Gia quiere personas a las que pueda mantener a distancia. Necesita hombres con quienes pueda pasar un rato antes de seguir adelante. Personas que no tengan ningún sentido de permanencia en su vida. Personas que pueda dejar. Eso no soy yo. Pensé que había aceptado que entre nosotros realmente no puede haber un futuro. Podemos tener algo como esto. Sexo en un barc

