Marisol Apenas logramos huir de él, pero fue quien me dejó esta herida épica de cuchillo en el abdomen. El rostro de Dominic se tensa. —¿Andrei Moretti? —Veo que has oído hablar de él —digo con amargura. —Tienes suerte de estar viva —responde. Dominic toma su teléfono y empieza a ladrar órdenes en italiano. Espero que esté duplicando la guardia. O triplicándola. No es que importe. Andrei está completamente loco. Lo he visto caminar hacia un campo lleno de soldados del gobierno y salir con vida. Con vida, y como el único superviviente. —Hagas lo que hagas, no servirá de nada —le digo a Dominic—. Él va tras una sola cosa. El rostro de Gia palidece. —Déjame adivinar… ¿tú? Asiento con fuerza. —No… no sabía a dónde más ir —digo con honestidad—. Sabía que tenía que poner a salvo a

