DOMINIC La boca de Catalina sobre la mía es un cielo que no merezco. Gime y se inclina hacia atrás, abriendo sus labios para mí. No debería aprovechar la oportunidad. Debería terminar el beso ahora, un coqueteo divertido para ambos, antes de que se convierta en algo que no podamos deshacer. En cambio, paso mi lengua por la suya y gimo ante su sabor. Amaretto y vainilla. Estoy desesperado por más de ella. Mis manos recorren su cuerpo como si estuvieran hambrientas y ella fuera un festín del que no pueden apartarse. Toco su piel en todos los lugares que puedo, tirando de su delgada camiseta de algodón para acceder al suave tesoro que hay debajo. Un tesoro. Eso es exactamente lo que Catalina es para mí en este momento. La atesoro, y haría cualquier cosa para mantener este sentimiento.

