DOMINIC El día en la piscina fue estupendo. Luna y yo terminamos nadando y jugando hasta que el sol se ocultó, y Catalina dio por terminado todo. Luna y yo habíamos hecho pucheros, pero al final, la palabra de Catalina es ley. Ella, como ha dejado claro, es la madre de Luna. Y yo estoy ganándome el derecho a ser un padre. Después de nadar, nos cambiamos, y Francesca nos sirvió en el patio. La cena fue sencilla: un poco de pasta con ternera que Luna probó con recelo, pero terminó quedándose solo con los fideos. Ahora, Luna juega tranquilamente en una de las sillas grandes del patio con un set de figuritas de animales que se ven absurdas, y Gia, Catalina y yo estamos sentados juntos en la mesa. Con la ligera brisa y el aroma de los limoneros, casi puedo fingir que esto es… Paz

