CATALINA Nunca había estado más feliz de escuchar la voz de Dominic en toda mi vida. Cuando caigo del armario, es directamente en sus brazos. Me levanta, me sostiene, besa mi cuello. —Amore —susurra—. Amore mio. Repite otras palabras en italiano, pero no sé lo que significan. Flotan a mi alrededor, me envuelven, cubriéndome de elogios y palabras de alabanza. —Dominic —escucho decir a Gia—. Vamos a ponerle ropa de verdad. —Sí, no quiero ver todo eso —repite Sal. No puedo evitar reír a carcajadas. Gia me coloca una chaqueta grande, una de caza que estaba en el armario. La ajusto alrededor de mí y la miro. Sus ojos brillan con lágrimas. —Gia —respiro—. Gracias… —Para —susurra. Inclino la cabeza—. ¿Por qué? —No tienes que agradecerme. Lo haría de nuevo. Después de todo, tengo que

