Capítulo 16: Entre el Silencio y el Abismo

1448 Words
Al escuchar su respuesta, la felicidad me inundó como un veneno dulce. Mi cuerpo ya no lo soportaba; finalmente había cedido. Yo no soy solo talento. El talento es un regalo; lo mío es una maldición. Es una obsesión que trasciende lo humano, un cuerpo que se exige hasta que los pulmones queman. Así fue como le arrebaté ese "sí". Pero entonces, el mundo se inclinó. La cabeza me dio un vuelco violento y el ardor en mis dedos dejó de ser dolor para convertirse en un incendio que calcinaba mis nervios. Mi violín… lo sentí pesado, ajeno, como si de pronto fuera de plomo. Ya no podía sostenerlo. No… por favor… por favor, que alguien me ayude.. El barniz resbaló de mis palmas empapadas en sudor y sangre. Sentí el vacío. Fue una fracción de segundo en la que el tiempo se detuvo para burlarse de mí: estaba viendo mi alma caer hacia el mármol, lista para hacerse mil pedazos. El pánico me robó el último aliento. Cerré los ojos, esperando el estallido de la madera rompiéndose, pero el impacto nunca llegó. En su lugar, mi cabeza golpeó algo duro, una superficie firme que olía a madera cara y perfume gélido. Unas manos me sujetaron con una fuerza que no dejaba espacio para la caída. Antes de perder la conciencia, hice un esfuerzo sobrehumano para girar el rostro y ver mi tragedia. Pero lo que vi me detuvo el corazón. Una mano blanca, de dedos largos y elegantes, sujetaba el violín en el aire. Con la otra, él me estrechaba contra su pecho en un "abrazo" forzado. No pude resistir más; me perdí en la oscuridad. ❧ ❧ ❧ Cuando le tomé la mano, ella me devolvió esa estúpida sonrisa de victoria. No tuve más remedio que darle la respuesta que esperaba: me había derrotado. Pero mientras sostenía su mano, manchada de ese líquido rojo y viscoso, lo vi en primer plano. Sus ojos titubearon. Sus piernas flaquearon. Los dedos con los que sostenía su violín cedieron centímetro a centímetro. Su cabeza cayó pesadamente contra mi pecho, pero con un sacrificio final, giró el rostro para mirar su instrumento. Lo entendí al instante. A ella no le importaba su propia vida; solo le importaba que ese objeto no se hiciera mil pedazos contra el suelo. Estúpida. A mí no me importaba si ese trozo de madera se astillaba al caer. Pero mi mano... mi estúpida mano se movió por instinto. No fue una orden de mi cerebro; fue un impulso que nació de un lugar más profundo, uno que creía muerto. Se movió por mi corazón. Zoe pareció notar que su instrumento estaba a salvo. Solo entonces soltó su última pizca de fuerza y se desplomó sobre mí. Solté su mano ensangrentada y la sujeté por la cintura. Estaba ardiendo. Su temperatura no se parecía en nada al sol de California; era un fuego abrasador que me quemaba la camisa. —¡CALE! ¡Ayúdame! —Y-yo... ¿en qué puedo ayudarle? —Cale estaba en completo pánico, paralizado. Mierda, pensé. En ese estado era un completo inútil. —Toma esto —le entregué el violín con un gesto brusco. Acomodé a Zoe frente a mí. Pasé un brazo bajo sus rodillas y otro por su espalda, levantándola del suelo. Era la típica postura del príncipe llevando a su princesa en un momento romántico, pero Cale, viéndonos desde un rincón, pensó algo muy distinto. “Más bien parece un villano manchado de sangre, robando a la novia sin importar el costo”, murmuró Cale para sus adentros. “Así que tomarás esa postura, ¿eh, Sénior?” —Vámonos, rápido. —S-sí, Sénior. Ya estoy llamando a la enfermería. Podemos llevarla ahora mismo. Eiden ya no lo escuchaba. Se enderezó con la chica en brazos y caminó hacia la salida, llevándosela lo más rápido posible, como si temiera que el mundo intentara arrebatársela. ❧ ❧ ❧ Siento una comodidad extraña. Es como si estuviera en mi cama... pero hay un olor que me golpea, un aroma aséptico y frío. Entonces, un recuerdo me asalta como un martillo rompiendo un cristal. —Ya no vamos a poder cuidarte, niña. Escúchame... eres una... solamente... Nunca vuelvas a buscarnos. Entra ahí y diles que eres huérfana... pero si te atreves a... ¡BAFF! Un fuerte ardor me golpeó la mejilla. Maldita niña... —No, por favor. ¡NO! Me desperté sudando a mares. El corazón me galopaba en las costillas y la cabeza me dolía con una intensidad insoportable. Ese era un recuerdo que preferiría haber enterrado para siempre. Al observar a mi alrededor, lo entendí al instante: estaba en la enfermería del instituto. Me había desmayado. Apreté los dientes y cerré los puños con tanta rabia que mis uñas chirriaron al rozarse. —No te recomiendo hacer eso. Tus dedos siguen en mal estado. Gélido. Ese ambiente conocido que solo una persona en el mundo podía hacerme sentir. La puerta se había abierto. —Eiden... —pronuncié su nombre con lentitud, saboreando la amargura. Mis últimos recuerdos antes del desmayo regresaron: caí sobre él... y él sujetó mi violín. —Gracias —dije, bajando la cabeza. Lo odiaba con cada fibra de mi ser, pero la gratitud por haber salvado mi instrumento pesaba más que mi orgullo. No necesité levantar la vista para saber que me observaba fijamente, en un silencio sepulcral que lo llenaba todo. —Está bien —susurró él, en un murmullo casi imperceptible. Alcé la mirada. Eiden dio un paso hacia atrás, recuperando su distancia de seguridad. —Descansa por tres días. Tu recaída no es grave, pero tus dedos no son aptos para tocar en este momento. —Yo puedo... —No lo hago por ti —me cortó a mitad de la frase, su voz recuperando el filo de siempre—. Lo hago por mí. Escucharte tocar basura es algo que no estoy dispuesto a tolerar. Se detuvo un segundo, como si quisiera añadir algo más, pero guardó silencio y se marchó. Me quedé sola. Miré mi mano derecha, ahora vendada pero con rastros de sangre seca asomando por las gasas. No me rendiré. Ni ahora, ni nunca. Cerré los ojos y, vencida por el agotamiento, me dejé caer de nuevo en el sueño. ❧ ❧ ❧ Eiden se detuvo frente a la puerta que acababa de cerrar. Apoyó la espalda contra la madera y pasó una mano por su cabello, desordenando su perfecta pulcritud. —¿Qué estoy haciendo? No era una pregunta nueva. Se la había hecho hacía apenas unas días, y al igual que entonces, la culpable no era otra que Zoe. Se estaba contradiciendo. Cada instinto le decía que la presionara hasta romperla, pero sus acciones decían lo contrario. “¿Acaso soy un monstruo siendo humano, o un humano fingiendo ser un monstruo?” Con esa incertidumbre pesando en sus hombros, salió del área de enfermería. Ya era de noche. El aire fresco de California lo recibió mientras miraba las estrellas. Había estado esperando en la recepción durante horas, solo para entrar a verla un instante... y ni siquiera sabía por qué lo había hecho. Soltó un suspiro pesado. Sacó un cigarrillo de su gabardina y lo encendió. El humo se extendió ampliamente, alejándose de su vista hacia ese cielo azul profundo, hacia ese mar de estrellas que, a diferencia de él, no tenían nada que ocultar. 🎻 ─── 𝕵.𝕽. 𝕽𝖔𝖞𝖓𝖊 ─── 🥀 "Tengo un mundo en mi corazón que necesito mostrarles. Gracias a ustedes, nuestra obra, 'La Partitura Prohibida', ha sido oficialmente firmada por Dreame. Es un gran logro, pero aún nos falta un paso crucial: convertirnos en una historia VIP para que este proyecto pueda seguir creciendo. Quiero sincerarme con ustedes. Mi meta es cambiar la forma en la que han leído historias hasta ahora. No sé si se sorprenderán, pero esta es la primera vez que escribo; es mi primera incursión en este arte. El proceso no ha sido fácil; a veces el impulso de rendirme era fuerte, pero ver sus comentarios, sus visualizaciones y sus corazones me recordó que hay personas al otro lado de la pantalla. No saben cuán feliz me hace eso. Yo no aspiro a ser un autor más del montón, escribiendo historias vacías. No. Mi objetivo es ser el número 1 en Dreame, y estoy convencido de que, junto a ustedes, lo lograré. Pero necesito su ayuda: síganme, interactúen y apoyen esta historia. Ayúdenme a llevar este libro a la cima y, a cambio, les mostraré un mundo que jamás han visto y emociones que nunca han sentido. Gracias por ser parte de esta partitura."
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