Capítulo 17: Invitados no Deseados

1230 Words
Había pasado toda la mañana descansando en la enfermería. La encargada vino a darme las instrucciones pertinentes, repitiendo, casi palabra por palabra, lo que Eiden ya me había advertido: mis dedos necesitaban tiempo para sanar adecuadamente. —Puedo practicar —le dije, señalando el violín que habían dejado en el sofá frente a mi cama. Fueron considerados al traerlo; sabían que no me quedaría tranquila sin comprobar con mis propios ojos que estaba bien. Sin embargo, en cuanto intenté tocarlo a escondidas, la enfermera me descubrió. Su cara de enojo era de temer; se parecía tanto al gesto diario de Eiden que resultaba inquietante. Como no tenia nada que hacer. Quise descansar, al menos por hoy, pero en este lugar la paz es un lujo que no existe. —Y bien, ¿Qué hace aquí, senior Cale? —pregunté al ver al asistente en la puerta. —Quería saber si estabas bien —respondió él, titubeando un segundo antes de añadir—: Y también... ¿Sabes que ya no eres una alumna normal, verdad, Zoe? Perteneces a un grupo selecto y tienes obligaciones y responsabilidades, como cuidarte... ¿No te lo ha dicho el senior Eiden? Lo miré fijamente. Mi silencio gritaba: “¿En serio? Eres su asistente, deberías saber cómo es su personalidad”. Cale fingió una tos para disipar el momento incómodo. —Perdón. Te lo contaré entonces —continuó—. Ya no dependes de las condiciones de tu antigua beca. Con la financiación de la Sala Maestra viene una responsabilidad mayor: dejar en alto el nombre de la música de este país, Zoe. Si no ganas concursos y mantienes el nivel, te pueden revocar el puesto. Cale bajó la vista, como si cargara con una culpa ajena. —Entrar aquí ya te hace extraordinaria, pero la Sala Maestra es otra dimensión. La diferencia entre tú y los demás estudiantes es como el cielo y la tierra... pero el senior Eiden no te ha dicho lo más importante. La mayoría solo ve el brillo, pero una vez dentro, no paras de batallar. Entrar es solo el inicio de una guerra cruel. Me estremecí. —En un mes, tras firmar el contrato, tendrás tu primera batalla. Si no logras la victoria, quedarás fuera. Los demás candidatos son monstruos nacidos para tocar. Ten cuidado. —¿Qué contrato? —interrumpí, confundida—. A mí no me dieron nada para firmar. Sé que mis circunstancias son especiales, pero... incluso en la web del instituto ya salgo como m*****o. ¿Será que solo formo parte de palabra por decisión de Eiden? ¿Por qué el instituto confiaría tanto en él? La cara de Cale se volvió cómica por un segundo, aunque mi situación era todo menos graciosa. —Ya veo... —susurró él, rompiendo finalmente el contacto visual. Se puso de pie con una rigidez mecánica, ajustándose el saco como si necesitara recuperar su compostura profesional—. Hablaré con el senior Eiden. Dio un paso hacia la salida, pero su pesadez al caminar me dio el valor para interrumpirlo. —Cale, espera —lo detuve, haciendo que se congelara a mitad de camino—. ¿Cómo es que sabes tanto de la Sala Maestra? Hablas como si tú mismo hubieras pertenecido allí. Sus ojos, que antes brillaban, se apagaron de golpe. —Eso... es algo que no te puedo contar, señorita Zoe. Al menos no aún. —¿Eiden lo sabe? —Sí. Se despidió con una reverencia rápida y salió, dejándome con más preguntas que respuestas. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? Ahora tengo que hablar con el demonio para entender mi propio destino. Suspiré, dejando que el aire escapara de mis pulmones. Pero como si mi desgracia tuviera un radar, escuché un ruido en la puerta. Por instinto, me cubrí hasta la cabeza con las sábanas, fingiendo estar muerta para el mundo. —Um, parece estar durmiendo... entonces vendré más tarde. El sonido de la puerta cerrándose me relajó. Esperé unos segundos y me destapé poco a poco, con la guardia aún en alto, asegurándome de que el silencio fuera real. Casi grito. Había una cara a centímetros de la mía. Unos ojos burlones me escrutaban. —Hola, Zoe. Bonito día, ¿no? —Sí —respondí, seca como el desierto. Finn. Si me preguntan a quién odio más, el ranking sería: primero el rector, luego Eiden y, muy cerca, él. No es malo, pero su personalidad es... excesiva. Falso, charlatán y casanova. Una combinación letal. —¿Te escondías de mí? —No. —¿En serio? —Sonrió con esa mueca perfecta que derretiría a cualquier chica del campus. A mí solo me daba náuseas—. Bueno, querida Zoe. No vine a molestar tu descanso... bueno, sí. Te necesitamos. Eres nuestro extra más importante. Sylvee llora por los rincones porque estás desaparecida. —Eres un mentiroso. Con la señorita Sylvee apenas he cruzado dos palabras. Al menos haz que tu actuación sea creíble. —Yo lloro porque estás desaparecida —corrigió, poniéndose una mano en el pecho. Le regalé mi mejor cara de asco. —Jajaja. ¡Qué cara tan bonita! Deberías hacerlo más, aunque me duela —dijo, fingiendo estar herido. —¿A qué has venido, Finn? Sé claro o llamaré a la enfermera para que te saque a patadas. Más bien, ¿cómo has entrado? No eres un profesor para andar por aquí como si fueras el dueño del lugar. Él se encogió de hombros con una naturalidad exasperante. —Dije que eras mi amiga... —Una muy ÍNTIMA —me interrumpió él mismo, remarcando la palabra con una sonrisa maliciosa para sacarme de quicio. Y lo logró. Este chico tiene el don de encontrar mis botones de autodestrucción. —Te hablo en serio, Zoe. Eres nuestro mejor acompañamiento. Sé que ahora tienes un estatus diferente, pero te necesitamos. Queda solo una semana para la Gala de Invierno. Es un evento vital y no podemos cambiar de músico ahora. Te queremos a ti. Por favor, acepta la solicitud de este excéntrico. Lo miré fijamente. Sus palabras parecían salir del corazón, pero como el mejor actor del instituto, nunca se sabe dónde termina la mentira y empieza la verdad. Sin embargo, tenía razón. Dejarles tirados ahora sería poco profesional. Además, no tenía muchas opciones. Aquí las clases son muy distintas a las de un instituto normal. Los becados de música no pasamos el día en un aula tomando apuntes; tenemos que completar estas "Prácticas de Escenario" a inicio de año. Mi labor como músico acompañante cuenta como créditos académicos obligatorios. Básicamente, lo único que tenía que hacer era ir a ayudarlos, cumplir con mi cuota y luego podía volver a mi residencia a practicar lo que yo quisiera... por lo menos por lo que durara ese breve respiro de libertad. —Uff... —Suspiré tan fuerte que sentí que me quedaba vacía—. Está bien, Finn. Pero primero tengo que aclarar todo con Eiden. —Bien —dijo, y su sonrisa pareció, por primera vez, genuina—. Entonces nos vemos en tres días. Vamos a regalarle al público un espectáculo único. —Oye, aún no está decidi... —¡Muchas gracias, pequeña Zoe! Y tal como apareció, se esfumó. Rápido, caótico y brillante. —Idiota —murmuré a la soledad de la habitación.
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