Capítulo 18: El Contrato de las Sombras

1085 Words
Tres días de encierro en la enfermería son suficientes para que las paredes blancas empiecen a cerrarse sobre ti. Por fin, hoy me dan el alta, y no puedo estar más feliz de perder de vista este lugar. Al salir, la enfermera me dedica una última mirada de desaprobación total. Definitivamente, no le caigo bien; me ha tenido vigilada como si fuera una terrorista por el "delito" de intentar tocar mi violín a escondidas. Tres de tres: me atrapó todas las veces. En serio, esa mujer tiene un radar. Su cara de enojo cada vez que me veía con el arco en la mano me daba hasta miedo, pero lo peor fue el segundo día. Le supliqué que me dejara ir a casa, que yo sola podía ponerme una venda en la mano, pero no hubo caso. Me dijo que, por órdenes de Eiden, debía estar en "alta observación". ¡Alta observación! Como si fuera un criminal de alto riesgo y no una simple violinista herida. Mi único pecado era querer practicar, pero ella me miraba como si estuviera planeando un asalto. Le doy las gracias (por compromiso, claro) y me encamino hacia el lugar que ha ocupado mis pensamientos desde la visita de Cale. Toc, toc, toc. —Entra —la voz de Eiden suena como un trueno distante, profunda y carente de emoción. —Buenos días, Eiden. —¿Qué quieres? —pregunta sin levantar la vista. Sus dedos largos se mueven sobre una pila de documentos con una precisión quirúrgica. —¿Cale habló con usted? El movimiento de sus manos se detiene en seco. El aire en la oficina parece volverse más pesado. Deja los papeles sobre el escritorio y me clava una mirada que busca desarmarme los huesos. —Sí. Ya he discutido ese tema con él. ¿Y bien? —¿"Y bien"? ¿No tiene nada que decirme? —Doy un paso hacia su escritorio, desafiando la distancia de seguridad. Eiden exhala un suspiro cargado de fastidio y, con un movimiento brusco, desliza un fajo de papeles hacia el borde del escritorio. Casi se caen, pero mis reflejos actúan por instinto y los atrapo en el aire. Mis ojos se clavan en el encabezado en negrita: CONTRATO DE ALUMNO ESPECIAL: ZOE HARPET. NÚMERO 10 - SALA MAESTRA. —¿Por qué me entregas esto recién ahora? —mi voz tiembla un poco, no de miedo, sino de rabia contenida. —Ya estabas en la lista —responde él con una indiferencia que me desquicia—. Solo hubo una demora por trámites burocráticos. Siéntate, Zoe. Él señala la silla frente a su escritorio con un gesto lánguido de la mano, sin dejar de mirarme. Es una orden, no una invitación. Me quedo de pie, apretando los documentos contra mi pecho. Me niego a sentarme frente a él; no quiero que me mire desde arriba como si fuera una niña en su oficina. Abro el contrato y mis ojos escanean las cláusulas rápidamente. Sé que no puedo confiar en su palabra, así que busco la verdad en la tinta. —Alumno especial... Sala Maestra... —murmuro para mí misma mientras leo—. Aquí dice que mis obligaciones son ganar competencias mundiales y mantener el estatus de la posición. Entrar es solo el comienzo... sobrevivir es la verdadera tarea. Él levanta una ceja, intrigado por mi falta de pánico. —¿No estás preocupada? —No —respondo con una sonrisa cargada de veneno—. Creo en mi talento. Aunque mi profesor es un ser despreciable. Eiden esboza una mueca que casi podría ser una sonrisa cínica, pero no dice nada. Se queda observándome, como si esperara que me rompiera bajo su presión. Pero después de estos tres días encerrada, lo único que tengo es claridad. —He comprendido algo, Eiden —continuo, dando un paso al frente—. He comprendido qué es lo que buscas realmente. Él guarda silencio, un silencio sepulcral que me invita a seguir. —Sé que te esfuerzas en fingir que no te importa quién sea yo, ni lo que sienta, pero sé muy bien que lo que quieres es que camine entre cadáveres si es necesario. Quieres que vuele más allá de los límites, que me convierta en la número uno de este país a cualquier precio. Me quieres como tu obra maestra, y no te importa hacerme pedazos en el proceso con tal de lograrlo. ¿Me equivoco? Sus ojos se cierran un poco, afilándose como cuchillas. Por un segundo, parece que el aire se detiene en la oficina. —No —admite finalmente, y su voz suena más oscura que nunca—. No te equivocas. Y me alegra que lo entiendas, porque no me temblará el pulso para hacer lo que tenga que hacer para que llegues ahí. No importa el costo, Zoe. Absolutamente ninguno. Lo miré fijamente, sosteniéndole el pulso a esa mirada gélida. Pero había una grieta en su discurso, una contradicción que no me dejaba dormir. —Si no te importa el costo... —empecé, bajando un poco el tono, volviéndolo más personal—, ¿entonces por qué lo hiciste? Eiden ladeó ligeramente la cabeza, mudo. —¿Por qué me salvaste esa noche? —di un paso más, invadiendo su espacio—. Y más importante aún... ¿por qué salvaste mi violín? Si solo soy una pieza en tu tablero, podrías haber conseguido a otra. Podrías haber dejado que ese instrumento se hiciera cenizas. Pero no lo hiciste. Te arriesgaste por algo que, según tú, no tiene valor. El silencio que siguió no fue solo sepulcral; fue asfixiante. Vi un destello extraño en sus ojos, algo que no supe descifrar. Por un segundo, el "demonio" pareció perder su máscara. —No confundas la protección de una inversión con sentimentalismo, Zoe —respondió finalmente, aunque su voz sonó un poco más tensa de lo normal—. Un violín roto no produce música, y una violinista muerta no gana concursos. —¿Inversión? —repetí con una risa amarga. Di un paso lento hacia él, invadiendo su espacio personal, ese que nadie se atreve a tocar. Él no retrocedió, pero vi cómo sus pupilas se dilataban hasta volverse dos pozos negros—. Entonces... ¿qué tipo de inversión era yo hace años? Eiden se quedó petrificado. La pluma estilográfica en su mano se detuvo justo encima del papel, dejando caer una gota de tinta que se expandió como una mancha de sangre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD