Capítulo 13: Monstruos del Mañana

1025 Words
La Institución Privada de Artes Escénicas de California. Un lugar donde solo entran los mejores. Aquí se respira música en todas sus especialidades: piano, violín, guitarra, violonchelo... cada instrumento que existe en el mundo tiene un eco en estos pasillos. Es el santuario donde los mejores docentes del país se preparan para inculcar su "sabiduría" a los más jóvenes. Pero no se detiene ahí. Canto, actuación, dirección, baile; las disciplinas que darán color al mañana también se encuentran aquí. Solo el cinco por ciento logra graduarse, pero esos pocos reciben un título que les abre las puertas del mundo: son los nuevos monstruos del arte. ❧ ❧ ❧ —¡FINN ASTREA! ¡De nuevo me has hecho perder la cara! ¡¿Cómo te atreves?! Aquel chico estaba rabiando como si le hubiera robado a la novia... bueno, quizá lo hice. —Wow. Sí que estás enojado, hombre. Pero qué pasa con ese dedo levantado... —Con el mío, bajé el suyo lentamente—. Así está mejor. No es bueno señalar a las personas. ¿Acaso tu madre no te lo enseñó? —¡Es él! ¡Finn! ¡Me está viendo! —gritó una fan. —No, mentirosa, me está viendo a mí —replicó otra. Volteé despacio. Había estado practicando frente al espejo durante días la pose del "Príncipe". Ajusté mi postura para que fuera perfecta; el tiempo justo, ni demasiado rápido ni demasiado lento. Entonces, les regalé una sonrisa cargada de mis brillantes dientes blancos. —Tranquilas, chicas. Saben... —Hice un ademán, señalando mis ojos—. Tengo dos ojos. Perfectos para mirarlas a cada una con uno de ellos. Terminé la frase con un guiño coqueto. —¡OYE, IMBÉCIL, ESTOY HABLANDO CONTIGO! —Pero yo estoy hablando con ellas. Mira, grandulón, te puedes ir directo a la mier... Antes de terminar, sentí un ardor violento en la mejilla. Todo se volvió n***o. Al despertar en la enfermería, solo podía pensar en una cosa: ¿Cómo se atrevieron a tocar este hermoso rostro? Se arrepentirá, gorila. ❧ ❧ ❧ Al salir de la enfermería, el eco de una voz cristalina me detuvo en seco. Provenía del Auditorio Este, el lugar donde solo los becados con promedio perfecto tienen permitido ensayar. Era Sylvee. Ella no necesitaba fingir poses como yo; era una cantante cuya voz parecía hecha de seda y espinas. La vi sobre el escenario, ensayando un aria que ponía los pelos de punta. Era la "voz de oro" de la academia, y también la más solitaria. Caminé por el pasillo central, ignorando el dolor de mi mejilla, hasta quedar frente al escenario. —Llegas tarde, Finn —soltó ella sin dejar de mirar su partitura. Su voz al hablar era tan rítmica como su canto—. Y tienes la cara hinchada. Patético. —Gajes del oficio, querida Sylvee —respondí, intentando recuperar mi elegancia—. Pero no me culpes a mí. ¿Dónde está nuestra tercera pieza? Sin el acompañamiento de esa chica... ¿Cómo es que se llamaba? Ah, Zoe, sí. Bueno, sin ella tu voz suena... desnuda. Y mis monólogos no tienen el dramatismo que merezco. Sylvee suspiró y cerró su carpeta con un golpe seco que resonó en las paredes de terciopelo. Éramos un equipo improbable: la mejor voz y el mejor actor. La academia nos había unido para la Gala de Invierno, obligando a los "monstruos" de años superiores a convivir con un músico de apoyo. —Zoe lleva días sin aparecer —dijo ella, bajando del escenario con una frialdad que me caló los huesos—. Sabes que es la única de los nuevos que tiene el nivel técnico para seguirme el paso, pero parece que su silla de primer atril seguirá vacía por un tiempo. —¿Motivos de salud? —pregunté con una ceja alzada. —Eso dicen los boletines —Sylvee me lanzó una mirada cargada de ironía mientras se colgaba el bolso—. Pero si quieres saber la verdad de por qué nos abandonó, deja de mirarte en el espejo de la enfermería, entra a la web del instituto y lee las noticias de última hora. Ah, y más te vale ir preparando una disculpa por cómo la has tratado; dudo que ahora puedas seguir usándola de alfombra. Dicho eso, Sylvee se marchó sin mirar atrás. Su paso era firme, el de alguien que no admite retrasos ni errores. —Vamos, ¿en serio te vas a poner así? Solo he llegado una hora tarde... —mi voz se perdió en el auditorio vacío. Uff... Bueno. Revisemos las noticias. Si bien esa chica era mucho menor que nosotros, me gustaba molestarla porque era una de las únicas que no se dejaba deslumbrar por mi sonrisa. Siempre me pareció una pieza útil: talentosa, de perfil bajo y siempre refugiada tras las cuerdas de su instrumento. Era la herramienta perfecta para nuestros ensayos. Al abrir la web oficial, mi respiración se detuvo. ALERTA ACADÉMICA: La alumna Zoe Harpert ha sido seleccionada como la nueva integrante de la SALA MAESTRA, bajo la tutela exclusiva del director Eiden. El teléfono casi se me resbala de las manos. En esta institución, existen tres cumbres que definen quién es un verdadero "monstruo": en Canto, alcanzar el título de "Voz de Oro"; en Actuación, ingresar al "Cuadro de Honor de las Estrellas" ; y en Música, entrar a la "Sala Maestra". —Vaya, jaja. Qué chica tan interesante... —susurré, pero mi sonrisa se desvaneció al pensar en el nombre de Eiden—. ¿Qué estarás haciendo ahora, pequeña? En este lugar, el talento es una maldición que te despoja de tu humanidad. Supongo que era inevitable. Zoe, que antes caminaba como un simple humano, finalmente se ha unido a nuestras filas: la de los monstruos. En ese mismo instante, en el rincón más alejado y oscuro del conservatorio, un grito desgarró el silencio. —¡TOCA BIEN! —La voz de Eiden retumbó, cargada de una furia que no admitía réplicas. En la Sala Maestra, la música ya no era arte. Era supervivencia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD