Capítulo 4

1462 Words
  Punto de vista de Liora   Entré en el restaurante y mis ojos se posaron de inmediato en la última persona a la que quería ver.   Kade.   Estaba sentado con la cabeza cubierta por un vendaje limpio. A su lado, Selene lucía una expresión de fastidio mientras él le decía algo que le hacía fruncir aún más el ceño.   ¿Qué hacían esos dos allí?   Decidí no darle más vueltas y avancé sin vacilar. Mis tacones resonaron con firmeza sobre el suelo de mármol, anunciando mi presencia. Selene se volvió al oírme y me vio.   —Increíble —soltó con su voz aguda y estridente, lo bastante alto como para que la oyera medio salón—. Ahora resulta que nos acosa.   Ni siquiera miré en su dirección. Todavía no.   Sabía muy bien lo que pretendía y no pensaba participar en sus estúpidos jueguecitos.   Selene se dio cuenta de que la había oído y la había ignorado. Eso la enfureció todavía más. Se levantó de golpe y estuvo a punto de tirar la silla hacia atrás.   —¿Es que ya no te queda ni una pizca de vergüenza? ¿De verdad vas a presentarte aquí vestida así solo para seguir intentando llamar su atención? —me espetó, consiguiendo que varios comensales se volvieran hacia nosotras.   Me giré despacio.   Recorrió mi cuerpo de arriba abajo con el labio torcido, claramente a la espera de una reacción. No se la di.   —No sé qué fantasía te has montado en esa cabeza tan retocada —respondí con calma—, pero créeme, Selene: mi presencia aquí no tiene nada que ver con ninguno de los dos.   —Claro —se burló—. Qué casualidad que aparezcas justo en este restaurante. ¿Qué esperabas? ¿Enseñar las garras y recuperarlo? Siempre has sido así de patética...   —Selene —la llamó Kade en voz baja, incómodo en su asiento.   Desvié la mirada hacia él de mala gana. Era la primera vez que hablaba.   Ella lo ignoró y mantuvo los ojos clavados en mí.   —Él te dejó. Terminó contigo y tú todavía no eres capaz de superarlo. Todo el mundo sabe que estabas obsesionada con él. Vas por ahí fingiendo ser una heroína trágica cuando, en realidad, no eras más que una pobre pegajosa y celosa...   Di un paso hacia ella.   Sus palabras dolían, pero no como Selene quería. Ya no. No sabía que aquella herida había sangrado hasta quedar seca. Ella y Kade ya no me importaban, pero tampoco iba a permitir que me hablara con semejante desprecio.   —Deberías sentarte —le advertí sin rodeos.   —¿O qué? —Se echó a reír—. ¿Vas a llorar sobre mis tacones? Por cierto, ¿qué haces aquí? Alguien como tú no pertenece a un lugar como este. A menos que ahora trabajes de camarera por las noches, claro. Todos conocemos tu posición social, pobre criatura patética. Seguro que te acostaste con alguien influyente para poder...   No la interrumpí con palabras.   Levanté la mano y, antes de que pudiera apartarse o cerrar la boca, la abofeteé.   Con fuerza.   El chasquido sonó como hielo quebrándose bajo presión. Las conversaciones cesaron. Los cubiertos quedaron suspendidos en el aire.   Selene retrocedió tambaleándose y se llevó una mano a la mejilla. Me miró, paralizada por la impresión.   —Eso —dije sin alterar la voz— ha sido poco comparado con lo que de verdad mereces.   Abrió la boca, pero no consiguió emitir ningún sonido. Siguió boqueando como un pez fuera del agua, aunque dejé de prestarle atención. No pensaba quedarme allí intercambiando insultos con ella. No valía la pena.   Me volví hacia Kade. Se había incorporado a medias, con los ojos desmesuradamente abiertos y los labios entreabiertos, como si acabara de recordar que necesitaba respirar.   —No estoy aquí por ti —declaré—. No te quiero. Tampoco quiero tus disculpas.   —Liora... —comenzó con voz áspera—. Tú...   —No. —Levanté una mano para detenerlo—. Tuviste oportunidades. Muchísimas. Y las desperdiciaste todas. Ya no soy ese error del que puedes arrepentirte —añadí con frialdad.   Continué antes de que pudiera volver a hablar.   —Lo que haya sentido por ti no es más que ceniza. Ya no sirve de nada. Y si alguno de los dos cree que puede volver a hablarme como ella acaba de hacerlo...   Miré a Selene. Tenía el rostro enrojecido y los ojos brillantes, ya fuera de humillación o por las lágrimas. Me daba igual.   —...la próxima vez no me detendré con una bofetada.   Les di la espalda y regresé al mostrador de la anfitriona.   —Señorita Liora, ya estamos listos para recibirla —me informó con amabilidad, aunque todavía parecía un poco sobresaltada.   —Gracias.   Me alisé el borde de la chaqueta mientras un camarero se acercaba para conducirme al comedor privado.   Tenía los nervios a flor de piel y el cuerpo aún me temblaba, pero debía tranquilizarme. No podía permitir que Selene y Kade me alteraran. Eran exasperantes, sí, pero, como acababa de dejar claro, no merecían ni mi presencia ni mi tiempo.   No debería seguir pensando en ellos.   Punto de vista de Kade   No me moví.   Seguí sentado, conmocionado. Incluso después de que Liora se alejara con los hombros rectos y la cabeza bien alta, como si no acabara de sacudir el aire de todo el salón, fui incapaz de reaccionar.   Aturdido. Inmóvil.   Liora.   Dioses.   Jamás imaginé que Selene y yo nos encontraríamos con ella en aquel restaurante. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo podía permitirse un lugar así?   No había cambiado y, sin embargo, sí. Sus rasgos parecían más afilados de lo que recordaba. Los mismos ojos. La misma postura. Pero ahora había una frialdad nueva en ella.   Siempre había sido segura y mordaz. Precisamente eso me atraía.   Algo se retorció dentro de mi pecho.   Todavía percibía su aroma. Ni siquiera el perfume especiado de Selene conseguía ocultarlo. Aquel olor seguía provocándome cosas.   Incluso en ese momento.   Incluso después de todo.   —¿En serio? —La voz de Selene irrumpió en mis pensamientos—. ¿Todavía la ves alejarse como si estuvieras arrepentido?   Parpadeé despacio.   —¿Qué? —murmuré, volviendo en mí.   —Ni siquiera reaccionaste cuando me abofeteó —dijo entre dientes—. Te quedaste sentado como un idiota. ¿Te parece normal?   Tenía razón.   Me había limitado a observar cómo Liora la abofeteaba sin pronunciar una sola palabra ni intentar defenderla. Liora seguía siendo tan audaz como siempre, solo que ahora lo parecía todavía más. Su aura irradiaba una seguridad capaz de intimidarme incluso a mí.   No había podido hacer ni decir nada. Me había dejado deslumbrado, incapaz de apartar los ojos de ella.   —Me tomó por sorpresa —conseguí responder.   Selene continuaba de pie, furiosa. Entornó los ojos.   —No la has superado.   La acusación surgió de la nada y me hizo abrir mucho los ojos. Me volví hacia ella con la mandíbula tensa.   —No empieces —le advertí con frialdad.   —Claro que voy a empezar, Kade. Porque ese espectáculo patético de antes... —Señaló en la dirección por la que Liora se había marchado hacía rato—. Me humilló y tú se lo permitiste. Y todavía sigues mirando embobado, como si te hubiera roto el corazón.   —No es eso —respondí demasiado rápido.   Selene cruzó los brazos.   —Entonces, ¿por qué tienes cara de que alguien acaba de arrancarte la maldita alma del pecho? —Alzó las cejas.   Inspiré hondo.   —Porque no esperaba verla aquí, ¿de acuerdo? Me tomó por sorpresa. Eso es todo.   No era del todo mentira. Su aparición nos había sorprendido a ambos.   Selene no me creyó. Me miró como si quisiera arrancarme la piel solo con los ojos.   —No te creo.   Me froté la nuca y los dedos me rozaron el vendaje.   —Ella no es a quien elegí, Selene. Te elegí a ti.   Casi se me escapó un gemido. No quería tener aquella conversación en ese momento.   Selene soltó una risa amarga.   —No es a quien elegiste, pero está claro que sigue siendo a quien deseas.   No respondí. No de inmediato.   Porque la verdad...   ¿La verdad de verdad?   Liora estaba por debajo de mí. O, al menos, lo había estado.   Sin nombre. Sin linaje. Solo una loba de una manada septentrional desconocida que apenas tenía suficiente para alimentarse. No era alguien con quien debiera emparejarme.   Creí que estaba siendo generoso. Creí que se sentiría agradecida. Creí que aceptaría convertirse en mi amante.   Pero no lo hizo.   —No la amo, Selene. Te amo a ti. Eres tú a quien amo. No tienes nada de qué preocuparte.   Las palabras me quemaron la garganta al pronunciarlas.
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