En la sala de emergencias de el hospital clínico donde atendían a Patricia, solamente se escuchaba ese horrible sonido de máquina de pulsaciones cardíacas al no detectar ningún ritmo en el corazón de la paciente. El médico encargado se preparaba para dar la mala noticia mientras que el médico asistente no terminaba de asimilar su primera pérdida. Era momentos bastantes delicados por los cuales atravesaban ese grupo de profesionales de la salud quienes debían finalmente aceptar la lamentable realidad. — Saldré a dar la malas noticia a los familiares y amigos — el médico encargado empujaba lentamente la puerta de abertura bidireccional de el quirófano, como si el cuerpo le pesara, como si no quisiera hacerlo. — ¡Me niego a perderla! — gritó el médico asistente sosteniendo aún las almohadi

