Esa noche necesitaba deslumbrar. Necesitaba llamar muchísimo la atención para que el señor Eugenio Zamarra se interesara por sí mismo en mí. El problema es que en ésta oportunidad no contaba con mi ángel de la guarda. No tenía el respaldo de esa talentosa estilista que hacía magia con su maquillaje en mi rostro. Y sabía el vestido perfecto para mí, pero aún así debía seguir adelante. Usando lo poco que había aprendido de mi amiga Patty con sus consejos de belleza, logré estar bastante representable para la ocasión. No sabía a que me enfrentaría al llegar a esa celebración, sin embargo debía estar preparada para cualquier cosa. Tomé un taxi que me llevara hasta el edificio dónde la reunión se llevaría a cabo. En ese momento no lo ignoraba, sin embargo el motivo de esa fiesta era celebrar qu
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