ALINA Luis no me quitaba la vista mientras estaba dando mi declaración. Alana era una excelente abogada, de eso no había duda y me sentía segura al saber que mi esposo estaba en buenas manos. Ese par tenían una relación de hermanos envidiable. Algo que hubiera deseado tener y que me gustaría darle a mi Sarah. Mientras respondía las preguntas, el lentes de lupa me veía fijo a los ojos, con un resentimiento y un odio como si estuviera traicionándolo. Me dieron escalofríos de saber que tenía su habitación repleta de fotografías mías. ¿Qué pasará por su cabeza? Sin duda necesitaba ayuda para controlar su obsesión por mí. Después de mi interrogatorio Alana, pasó al lentes de lupa al estrado. Vi como ella se dirigió a su mesa para darle un trago de agua a su botella. Intercambió una mira

