LEANDRO Llegué a mi cita con los Plancarte. Está vez me aseguré de que todo estuviera en su lugar. Nada me detendría de conseguir el trabajo, incluso con la partida de Agatha, que estaba haciendo un berrinche para llamar la atención. — Buen día, el señor Eduberto Plancarte me está esperando. —Le dije a la recepcionista en la entrada del edificio. — Buen día, ¿ustedes es el señor Godoy? —preguntó la recepcionista sin perder de vista la pantalla de su computadora. — Así es. — Señor Godoy, —la actitud de la mujer cambió— mi compañera Mariana, la asistente del señor Plancarte lo está esperando. Le diré a uno de mis compañeros que lo acompañen. La asistente mandó a uno de los guardias de seguridad a que me escotaran a la oficina del señor Plancarte. Justo afuera del elevador Mariana

