LEANDRO Vi cómo Lina se perdía en el elevador que estaba cerrando sus puertas. No había manera de que se pusiera contenta. No había manera de que me perdonara, y la única opción que tenía era acercarme de nuevo a mi hija. Era su adoración y con suerte ella me podría ayudar a acercarme a su mamá. No quería aceptar que estuviera casada. Sobre todo no quería aceptar que estaba siendo feliz sin mí, con alguien más, y encima que la había aceptado con todo y nuestra hija. Me subí al auto dispuesto a irme de ahí cuando una llamada me entró. Era Agatha. — ¿Se puede saber dónde has estado en todo este tiempo? —le pregunté arrancando el auto. — Voy a ser breve. Tu hijo ya nació, pero por el momento no te quiero ver. —¿Pero qué madres le estaba pasando a esta mujer? No había tardado en reco

