LEANDRO No podía ser posible. — Esto tiene que ser una broma. —Estaba cabreado y cuestionaba al ejecutivo del banco que me estaba atendiendo. El hombre estaba sudando por la manera en cómo estaba exigiendo una explicación. No podía ser de otra manera. — Señor, por décima vez se lo digo, sus cuentas bancarias están en ceros. La última transacción se hizo hace tres horas. Su dinero fue transferido a otra cuenta. — ¿¡Qué clase de seguridad tienen!? —golpeé una pila de documentos que el ejecutivo tenía sobre su escritorio. Los papeles se esparcieron por el suelo.— ¡Son una bola de ineptos! ¡Un trabajo tenían y era cuidar mi dinero! El banco estaba lleno de gente. Esto no podía quedar así. — Señor, le suplico que guarde la calma... —Me suplicaba el hombre. — ¿¡Quieres que me calme!?

