Lamenté haber perdido la confianza de Aurelio, la amistad de sus hijos y la comodidad y seguridad de la escuela, pero nunca me arrepentí de haber besado a Linne. —Deja de mirarme —dice sin levantar la vista—. Me estás poniendo nerviosa. Me río. —Sólo estoy admirando la vista—. Ella me lanza una mirada de reproche. —Ya tengo veinticuatro años. Ese tipo de frases para ligar ya no me sirven—. —No es una frase. Es la verdad. Eres muy agradable a la vista—. Ella se burla y baja el teléfono. —Apuesto a que les dices eso a todas las chicas—. —Sólo porque tengo tatuajes no significa que sea un mujeriego—. —Sí, sí. Apuesto a que tienes acciones en Tinder. —Joder, nunca usaría las citas online. No se me ocurre nada más destructivo para el alma. No me gusta el sexo sin sentido. Me gusta que m

