No gracias, prefiero la punta del iceberg.

5000 Words

Cuando era niña creía que, al crecer y ser lo que yo consideraba adulta mi vida sería más emocionante, tendría menos regaños y haría lo que yo quisiese hacer. Claramente no fue así. Estoy a pocos días de cumplir dieciocho y mi vida no es de lo más emocionante; de hecho, lo único que podría mencionar como: “Emocionante” en estos últimos meses seria la vez que una máquina expendedora me dio dos galletas de mantequilla en vez de una, conocer a Cloe y las visitas puntuales de Thiago al supermercado. Yo deseaba sentirme adulta. Sin saber lo difícil que sería crecer, lo desesperante que sería mi vida y lo deprimente que se sentiría ser adolescente. A primera hora de la mañana me encuentro lista, ahí de pie, frente al corola blanco de papá alias: La chatarra andante. Acomodo las correas de la

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