10. El placer en medio de una discusión

1005 Words
La idea que todos tienen aquí de una fiesta tranquila es bastante diferente a la mía, es bastante diferente a cualquiera a la que he ido. Estoy acostumbrada a ir fiestas de sótanos con vasos rojos y un montón de adolescentes sudados, pero esto, esto no lo había visto jamás. Hay luces de todos los colores por toda la casa, autos lujosos afuera, hombres altos, calvos y fornidos cargando armas que se ven realmente pesadas y la música realmente alta. Hay prostitutas, mujeres semi desnudas rondando toda la casa, mucha marihuana y cocaína sobre las mesas y por supuesto, champaña, mucha champaña. Mientras camino hacia Regina, la cual es la única persona cerca que conozco, todos me observan, todos los hombres me observan y es cuando llevo instantáneamente mis manos al borde de mi vestido rojo. Comienzo por preguntarme por qué me lo puse sabiendo que era tan corto y tan ajustado. —¡Oye! Te ves realmente bien —grita por encima de la música cuando llego hasta ella—. Todos están aquí por ti. —Eso es raro, porque no los conozco. —Agradécele a Dios —comenta una chica rubia que hablaba alegremente con Regina, luego se ríe. Al verle los ojos, incluso a través de las luces led parpadeantes noto que está realmente drogada. —No le hagas caso a Cherry —me dice Regina. Cherry, como ahora sé que se llama, toma del brazo a su amiga y juntas se van a bailar. Comienzan a moverse sensualmente en medio de todos, en medio de todas las miradas, de todos los aplausos y ovaciones de estos hombres con hambre de ellas. Regina mueve su cabello al ritmo de la música haciéndola ver, realmente hermosa. Regina aparenta unos dieciocho, es alta, de tes trigueña, sonrisa hermosa, pestañas largas, cabello lacio. Tiene un cuerpo espectacular, con caderas anchas y cintura pequeña. Es una chica hermosa y ella lo sabe. Ella está segura de ello. Cherry en cambio, es rubia, de ojos azules, muy azules, es delgada, incluso más delgada que yo y tiene largas piernas definidas. Comienzo a sentir miradas más lascivas sobre mí. Más insinuantes. Noto que todos están muy borrachos o drogados, que hay chicas teniendo sexo en los sillones con hombres mayores, que están inhalando cocaína como si fuera oxígeno y tomando pastillas como analgésicos. Me siento incomoda así que decido subir, en busca de mayor tranquilidad. Llego hasta la habitación, cerrando la puerta tras de mí. Mi respiración comienza a ser más tranquila, pero me llevo el susto de mi vida, cuando la puerta es abierta casi enseguida. Me tranquilizo al ver que es Damián. —Te estaba llamando. Quería que conocieras a un par de personas —comenta, acercándose a mí. —No te escuché, lo siento. La música está altísima. Damián asiente ligeramente apenado. No había habíamos hablado mucho desde nuestra ¿discusión? Así que noto lo avergonzado que se siente, tal vez conmigo, tal vez con él. No lo sé… —Sí, bueno, tampoco es que sea una ocasión muy formal para conocer personas —contesta rascándose su cabeza. —Exacto —respondo. Él toma mis manos entre las suyas acercando su cuerpo aun más al mío. —Mi padre me dijo el comentario que hiciste, fingió haberlo olvidado, pero no lo hizo. ¿Quién te dijo eso? —Fue Alex. Hizo un comentario horrible sobre que todos aquí se preguntan… se preguntan esas cosas. —Ya hablé con todos. Les advertí que se mantuvieran alejados de ti. No te harán o les corto el p**o y los meto en sus culos. Aun así, debes saber que Alex es un idiota. Pudo haberlo inventado. —No pasa nada y tienes razón. Debe ser horrible escuchar los quejidos de una persona que fue advertiste. Cuando vine aquí sabia las consecuencias, sabía lo que vería. Escucha, no sé si soy muy ingenua, o si ambos lo somos, pero no me importa lo que hagas, yo solo quiero estar contigo. Con nadie más, Damián. Me mira de pie a cabeza, me toma fuertemente del cabello, justo en la parte baja y estampa sus labios sobre los míos en un beso cargado de deseo. Llevo mis manos a su cuello y lo atraigo más a mí. Él desciende sus manos por la espalda descubierta del vestido y agarra mi trasero con sus dos manos. —Carajo, quiero arrancarte ese vestido —su voz es áspera y está cargada de deseo en cuanto logra separarse de mis labios para decirlo. —Solo tienes que subirlo —susurro. Damián sonríe antes de cargarme hasta llevarnos a ambos al mesón de mármol del baño. Me sube allí y sube el vestido con mi ayuda. Se agacha y besa mis muslos descendiendo hasta mi v****a. Abro más las piernas para él a lo que él solo hace a un lado mis pantis y comienza a mover frenéticamente su lengua justo allí. —Dios… —exclamo. Él entierra sus uñas en mis muslos para evitar que los cierre al tiempo que me aferro a sus cabellos—. Solo hazlo —él levanta la vista al escucharme. —¿Qué quieres que haga? —Que entres en mí —él se levanta, se baja sus pantalones rápidamente y entra en mi v****a bastante mojada. Sus embestidas comienzan a ser rápidas enseguida, mientras me aferro al borde del mármol con una mano y con la otra de su hombro. Mis gemidos inundan el baño, el sonido de nuestros cuerpos chocar es más fuerte y mis uñas comienzan a hacerles marcas. Lo atraigo a mí para besarlo mientras siento que el orgasmo está a punto de llegar. Las paredes de mi v****a se contraen, mis piernas se aferran a él. Sus embestidas son fuertes, sus gestos demuestran su excitación y ambos llegamos a un orgasmo arrasador. Pego mi frente con la de él, a lo que nuestras respiraciones se normalizan. —Carajo… eso fue… —Perfecto —dice antes de juntar sus labios con los míos.
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