Me despierto al escuchar mucho ruido afuera, así que decido levantarme, bañarme, vestirme y bajar como si fuera un día normal. Sorprendentemente pude dormir bien, como si no hubiera pasado nada y es extraño, sin embargo, me alegro no tener que lidiar con pensamientos innecesarios, como los que pude llegar a tener anoche. Como todas las mañanas, Damián ya ha bajado, así que cuando llego a la primera planta él está dándole ordenes a unos hombres. Al verme sonríe, se acerca y me abraza. Me da un beso en la frente y se separa. —¿Cómo estás? —lo saludo, él vuelve a sonreír como niño pequeño. —Estoy bien, muy bien. Un poco estresado, pero nada que verte no pueda solucionar —yo me río. —Sí, está todo muy atareado por aquí —contesto. —Bastante, de hecho, papá llegó muy temprano en la mañan

