Damián le pide a Álex que entre los dos levanten al hombre que está muerto de miedo. Le quitan las armas que me sorprende que no haya usado, tal vez porque le tiene mucho respeto a Damián y a su padre. Lo levantan de un solo estirón y juntos se lo llevan a aquellas bodegas que están en la parte de atrás de la enorme propiedad seguido de todos los trabajadores. Yo comienzo a caminar hacia allá, pero al me llegar se me hace case imposible entrar debido al montón de gente que se acumula en la puerta. —¡Todos vuelvan a sus labores! —grita Damián fuertemente a lo que todos comienzan a dispersarse dejándome pasar a mí, pero me detengo al ver a la expresión tanto Álex cómo de Damián. —Creo que ella no debería pasar —tanto Damián cómo yo nos miramos sorprendidos. —¡Vaya amigo! Dijiste algo

