Los días posteriores a la famosa nueva actitud de su papá y mamá fueron en realidad muy tranquilos, es decir George y Emily se enfocaban (en sus ratos libres claro) en pasar tiempo con sus hijos a excepción de Ben.
Ben, esa era la preocupación de la bella Elizabeth, agradecía inmensamente la atención que recibía por parte de sus progenitores sin embargo no podía evitar pensar en su hermano mayor a sabiendas de la situación amorosa por la que pasaba en esos momentos.
Quería hacer algo en beneficio de la familia y fortalecer la relación, por eso decidió cocinar algo, irónicamente
desde hacía varios años ella tenía rotundamente prohibido utilizar la cocina, y es que, a pesar de ser mujer no podía preparar una simple sopa porque era un total peligro en materia culinaria pero nadie la culpaba, en más hasta se tomaban ese defecto como algo humorístico.
Pero ese día en especial quería preparar algo para alegrar el día de su querido hermano mayor, quería hacer una comida decente y lo suficientemente buena como para hacerlo feliz.
Primero quería preparar un pastel de carne y de postre un delicioso pastel de chocolate, lo malo es que no tenía ni la más mínima idea de por dónde empezar.
Vamos Elizabeth, ¡tú puedes!, decir que se sentía lista sería mentir ya que le tenía un miedo irracional a cocinar, no se fiaba de su capacidad en ello, comenzó buscando la harina y vertiéndola en un recipiente pero de ahí en más estaba pérdida.
Decepcionada de sí misma se sentó en una silla y observó a la nada como si la respuesta fuera a llegar a ella por arte de magia, no supo que hacer hasta que sintió una mano en su hombro, se sobresaltó y volteó para ver a su hermano mayor sonriéndole con un toque de preocupación.
— ¿Qué haces Lizzy?
—Yo...Nada, ¿por qué?
—Es que te vi muy pensativa, toqué la puerta y nadie abrió, por eso entre y te vi en ese estado, por eso quiero saber en qué pensabas.
—Yo quería cocinar para ti — respondió con voz avergonzada y suave.
Esa respuesta dejo a Ben sin palabras, ¿su hermana quería cocinarle algo? Era sumamente sorprendente teniendo en cuenta que no era muy buena en eso, pero la intención era la que contaba, se enterneció al saber las inocentes intenciones de esa chica tan dulce y bella.
—Elizabeth, no tenías que molestarte, si quieres lo hacemos juntos, yo te enseño.
Lizzy saltó y una expresión de asombro cruzó por su rostro, siempre le habían dicho que la cocina nunca sería su fuerte, pero nadie se había tomado la molestia de enseñarle, el hecho de que Benjamin se prestará a ello era simplemente alentador.
— ¡Sí!, dime que hacer y lo haré.
—Bien, primero necesitas un mandil —la pelinegra corrió a su habitación bajando con un mandil rosa pálido y poniéndoselo.
—Eso es, ahora dime, ¿qué tenías planeado?
—Uh, bueno yo... quería hacer un pastel de carne y un pastel de chocolate como postre.
—Me parece bien, entonces primero haremos el pastel de carne y después el de chocolate, abre la nevera y saca la carne, cebollas, tomates... —citó cada ingrediente y bajó su dirección Elizabeth parecía familiarizarse con su mayor enemiga desde siempre.
Al cabo de algunas horas y después de varios "accidentes" provocados por Elizabeth lograron terminar la cena.
—Hola Elizabeth —la voz cantarina de Elizabeth llegó a sus oídos, vio como a su pequeña hermana le brillaban los ojos, estaba más que claro lo feliz que estaba ahora que sus padres decidieron recuperarlos.
Se quitó el delantal que llevaba puesto y salió disparada a saludar a su mamá.
*****
Varios momentos pasaron antes de sentir una presencia detrás de él, supo que se trataba de su padre.
—Hola hijo.
—Hola.
La tensión era palpable ya que desde la conversación que habían tenido la noche pasada era sumamente delicada.
—Hijo yo...No quiero presionarte pero, podríamos retomar la conver...
—Ya te tengo una respuesta.
*****
Elizabeth no deseaba a ser entrometida o metiche pero no pudo evitar escuchar la plática entre su hermano y su padre, de por sí le encantaba enterarse de todo lo que acontecía en su hogar.
Sin embargo por esa vez decidió dejar el asunto por la paz, después le preguntaría a su hermano.
Volvió al comedor en el que se dedicó a servir la cena...
*****
—...
—Ben… —George no soportaba el silencio aterrador que se instaló en la cocina.
—Te...Te perdono papá —El mayor de los Peterson se lanzó hacia adelante tomando a su hijo por los hombros y acercándolo a su cuerpo para obsequiarle un abrazo lleno de ternura y amor paternal...Que en el pasado le negó a su hijo pero que con el tiempo la vida le hizo ver cuánto daño le provocó, se permitió llorar en el hombro de aquel muchacho que para su edad era bastante alto y lo rebasaba por varios centímetros pero que en sus brazos los veía como su pequeño...
—No llores, que no te dije nada malo- bromeó el chico que no lloraba porque sabía que si lo hacía no pararía, estaba más que claro que no deseaba eso.
—Es que... nunca pensé que lo harías y que estarías así, te amo tanto hijo mío...
Mientras tanto Ben le daba pequeñas palmadas tratando de tranquilizarlo.
—Ya deja de llorar o Emily pensará que te hice algo, créeme que lo que menos quiero es morir joven y a manos de mi propia madre.
Se separaron, George se secó los ojos y le dedicó una a sonrisa sincera a su hijo quien le correspondió de la misma manera.
— ¿Qué te parece si sobrevivimos a la comida de Elizabeth juntos?
—Me encantaría.
— ¿Se puede saber quién cocino esto? —la cara de desconcierto de Andy era digna de admirar, Lizzy se río cuando soltó aquello.
—Pues quien más sino...Elizabeth —contestó Ben.
—Moriré joven —gritó arrancando una ronda de carcajadas por parte de todos los presentes.
—No seas dramático, yo le dije como hacerlo, confías en mí así que la comida no te va a hacer nada malo, ahora come o no vuelvo a hacer pastel de mango nunca más —advirtió su hermano quien sonreía con sorna aún después del berrinche que hizo el rubio.
—Lo he visto todo —dijo Emily.
Todos comieron animadamente, para cuando hubieron terminado Elizabeth interceptó a Ben antes de irse...
—Me debes una explicación Ben, no me mientes con eso de que las cosas entre Daniel y tú no funcionaron.
—Yo también quiero saber sobre eso —afirmó Andy uniéndose a la plática.
Estaba claro que cuando esos dos se juntaban no existía poder humano que evitará lo que fuera que tramaran.
—Está bien, les contaré todo...