32.

1535 Words
Habían pasado tres días en los cuales Ben no había sabido nada de Daniel y por más que lo negará le afectaba el hecho de no representar nada para el ojiverde, porque si le importase lo suficiente al menos el moreno se tomaría la molestia de explicarle de mejor manera porque lo había dejado y le había dicho cosas tan hirientes. Su vida siempre había transcurrido en la monotonía y Daniel cambio eso, se acostumbró demasiado a la espontaneidad del asiático que estar sólo de nuevo  lo instaba a querer buscarlo y de ser posible humillarse para que volviera con él, más su sentido común y su integridad le dictaban lo contrario. Se suponía que debía empezar a olvidarlo, se suponía que tenía que sacarlo de su cabeza pero lo más importante se suponía que tenía que sacarlo de su corazón, se suponía pero pasaba todo lo contrario, a cada momento y en cada instante su recuerdo permanecía y por más que lo intentará no se lo podía sacar de la cabeza. Por fortuna había recibido buenas noticias, Emily y George regresarían de su viaje antes de lo previsto, al perecer ambos querían reparar todo el daño que les causaron a sus hijos, si bien su propósito era muy extraño el hecho de que lo intentaran era de por sí un gran avance. No quería estar presente en ese sermón en el que de seguro su madre derramaría lágrimas de cocodrilo, por mucho tiempo en su niñez y adolescencia esperó que sus padres le preguntaran sobre su vida o sus intereses, contarles sus sueños y metas, pero eso no sucedió ya que durante todos esos años lo único que consiguió fue decepcionarlos y causarles problemas, veía muy poco probable la posibilidad de perdonarlos y aunque él se caracterizaba por ser optimista en tiempo difíciles en esa ocasión no lo pensaba así. Sus días eran aburridos y lo único que lo relajaba era leer, se leyó todos sus libros que no era pocos en aproximadamente dos noches, la verdad extrañaba demasiado  a su Daniel, por donde quiera que lo viera, lo recordaba y dolía. Al momento su teléfono sonó con el tono de llamada y deslizó su dedo para contestar. *— ¿Ben?- —a voz de Emily lo recibió del otro lado de la línea telefónica. —Madre. —Quería decirte que tú padre y yo adelantamos el viaje, esta noche aterrizará   nuestro vuelo y queremos que tú  y tus hermanos estén en la casa porque queremos anunciarles algo que creo les será muy grato. —Lo siento madre pero, hoy tengo turno en el trabajo y no creo poder ir —se excusó. —No importa, pero de verdad quiero que vayas, aterrizaremos alrededor de las once de la noche, por favor hijo... Ben ve y te aseguro que lo que les diremos te gustará —la voz de su mamá se escuchaba suplicante y no pudo seguir rehusándose. —Está bien, iré. —Gracias hijo, no sabes lo feliz que me haces, te quiero no lo olvides —colgó y Ben se quedó estupefacto intentando asimilar lo último que su madre le expresó, "te quiero", esas dos palabras causaron en él  emociones contenidas,  desde que tenía memoria nunca escuchó  a su madre decirle aquello, jamás se imaginó que ella al fin le diría algo así. Salió de su aturdimiento y se obligó a no pensar en lo que acababa de escuchar y se dispuso a limpiar su departamento que de por sí estaba impecable, él sabía muy bien que desde pequeño desarrollo un trastorno compulsivo en relación al orden y la limpieza, cosa que con el tiempo se volvió un problema y más cuando lidiaba  con hermanos que no eran tan ordenados que digamos, por lo tanto ahora que vivía sólo era comprensible que todo estuviera perfectamente colocado. ***** — ¿Qué te pasa muchacho? —el señor Branwell se veía preocupado pues desde hacía varios días notaba a su empleado muy decaído y desanimado. —No pasa nada señor, es solo que he estado pensando mucho... —Tal vez está agotado papá —interrumpió su amiga rubia. —Pues deberías descansar, de hecho no te he dado vacaciones en mucho tiempo, ya va siendo hora de que lo haga —el rostro del menor se contrajo de preocupación,  lo que menos deseaba en esos momentos era estar sólo, prefería distraerse con cualquier cosa en vez de pensar en Daniel y el trabajo definitivamente era la mejor forma de hacerlo. — ¡No!, no se preocupe, estoy bien y con lo de la a vacaciones no se moleste, la verdad no es necesario. —Bien, pero saldrás un poco más temprano, si las vacaciones no son lo tuyo, al menos algo de tiempo entre turnos lo sea. El chico sonrió agradecido, debía ser más cuidadoso y no dejar ver cuán infeliz era o de lo contrario todos se enterarían de su patética condición.     Por fin después de haber llegado a su vivienda y haberse dado una ducha llegó  a su antiguo hogar en donde un auto muy lujoso le advertía que sus padres ya se encontraban en el interior. Entró y el silencio taciturno le envío escalofríos en relación a lo que esa noche sucedería. —Benjamin —una radiante Emily lo esperaba en el centro de la sala y junto a ella se encontraba George, sus hermanos lo veían con duda y cierto atisbo de alivio. —Madre, padre, ¿para qué nos querían ver? —la crudeza con la que dijo aquello demostró  de inmediato la poca confianza que todo ese asunto provocaba tanto en él  como en sus hermanos. —Ben, por favor siéntate y hablemos —ofreció su madre un tanto nerviosa. El pelinegro se sentó junto a sus adorados hermanos y dirigió una mirada amarga como señal de que ya podían hablar. —Bueno, queremos decirles que de ahora en adelante ya no viajaremos, hemos designado la empresa de aquí de Nueva York como sede central de la compañía por lo que viajar no será necesario, queremos estar más cerca de ustedes y tratar de enmendar nuestros errores. Sorpresa y confusión se dibujó en los rostros de los jóvenes que consideraban eso como algo extraño. ¿Y eso a qué se debe? —cuestionó Lizzy. —Sé que como padres no cumplimos y que estuvimos ausentes en el proceso de crecimiento, a pesar de todo eso ahora que aún podemos estamos dispuestos a intentar formar parte de sus vidas... En especial contigo Benjamin, que te hice mucho daño y verdaderamente no sé qué hacer para que me perdones —George se veía arrepentido, pero, ¿en verdad lo estaba? — ¿De verdad eso quieren? —el brillo en los ojos de Charles y sus otros dos hermanos le hicieron saber al mayor que una esperanza de volver a tener padres estaba ahí,  que querían hacerlo y él  no se los iba a negar. —Por supuesto mi amor, no fuimos los padres que debimos ser, pero estamos dispuestos a serlo ahora. La inocencia de Charles pudo con él  y de inmediato se lanzó a los brazos de su madre quien lo recibió con amor. —Mi vida, no sabes cómo me arrepiento de no haber estado para ti antes. Lizzy y Andy no tardaron en imitar las acciones de más pequeño. George abrazó a los dos acariciándoles la cabeza. —Mi linda Elizabeth, eres y siempre has sido la niña de papá, y tú  Andy a pesar de no llevar mi sangre te amo como si fueras mi hijo, eres tan valiente mi pequeño rubio —en sus brazos tanto la pelinegra como el rubio derramaban lágrimas de felicidad ante el afecto y el amor que se les negó pero que ahora se les presentaba de una manera tan deliberada que era imposible negarse. Ben los veía, como anhelaba que aquello hubiera sucedido tiempo atrás,  tal vez sus hermanos al ser más jóvenes eran más vulnerables pero el sufrimiento y el dolor que pasó cuando apenas era un niño eran imborrables en su memoria y no creía ser capaz de aceptar algo así. —Ben,  cariño —Emily lo veía con una mirada de amor materno que causó que quisiera correr y refugiarse en sus brazos como un crío, sin embargo se abstuvo y abrió la boca sólo para decir algo. —En verdad aprecio todo lo que hacen y los felicito ya que al fin después de tanto tiempo entendieron lo que debían hacer,  pero lo que yo viví y sufrí no es algo que se pueda superar fácilmente, quiero tiempo para asimilar todo esto y digerirlo de la mejor manera,  trataré de acercarme a ustedes y no les negaré que corrijan sus errores pero no esperen un perdón fácil sólo para calmar sus remordimientos. Se giró hacia sus hermanos. —Me alegro por ustedes, los veré mañana y por ahora descansen. Le dio un beso en la frente a cada uno, se aproximó a la puerta y salió por ella hacia la fría noche. La posibilidad de recuperar a sus padres se le presentó pero en él recaía la decisión de aceptarlos o no.  
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