— ¿Daniel?
— ¿Mmh?
—Debes levantarte, ¡ya es tarde! —apresuró Ben, ese día Daniel viajaría a París para presentar una nueva línea de ropa primaveral, su vuelo salía a las 4:30 de la madrugada y ya eran las 3:45.
—Quiero dormir —replicó aún medio dormido y tapándose aún más con las cobijas.
Ben se estaba desesperando, sabía que si Daniel no acudía a tiempo seguramente Blake y Derek lo vendrían a buscar y no sería agradable escuchar sus regaños, por lo tanto fue a la cocina por una jarra de agua fría y volvió a la habitación, le pareció tierno ver a su novio acomodarse en la cama y disfrutar de lo tibias que estas se encontraban pero con determinación tomó firmemente la jarra y vacío el contenido sobre su chico quien al sentir la humedad fría del líquido se levantó pegando un salto y abriendo mucho los ojos.
— ¡Qué carajos te sucede! —demandó irritado y pasándose una manta por el rostro.
—No te despertabas y ya es tarde, traté de levantarte y no quisiste, no me culpes —respondió divertido ante la reacción del mayor.
—Ya estoy despierto —gruñó para después levantarse y dirigirse a la ducha, sorprendentemente tardó cinco minutos y salió con una toalla atada a la cintura, el ojiazul se percató de ello y apartando la vista se dirigió a la cocina para prepararle un sándwich a Daniel antes del viaje.
Un baguette integral con un poco de aderezo de hierbas, sobre eso unas hojas de lechuga y dos rodajas de tomate, jamón y queso, un desayuno saludable para un viaje largo, le sirvió café en una taza y lo llevó a su habitación.
— ¿Ya estás listo? —entró preguntando.
—Ya casi —y efectivamente cuando entró se encontró a su novio terminando de arreglar su cabello, volteó para verlo y sonrió ante el detalle alimenticio que su novio le había preparado.
— ¡Ay, bomboncito! , yo no suelo comer antes de viajar —dijo el moreno.
— ¡Oh!!Lo siento…Yo no sabía... De todas maneras... Emm... Yo… Ahora vuelvo —se notaban la desilusión en la voz del más pequeño y no era para menos, hizo todo eso para agradarle a su novio pero al parecer él no estaba acostumbrado a ello. Procedió a dar media vuelta y volver a la cocina pero un brazo se lo impidió.
—No te enojes —susurró en su oído enviando escalofríos por todo su cuerpo.
—No estoy enojado, simplemente no sabía que no comías antes de viajar y yo... pensé que si te hacia el desayuno sería...Un lindo detalle... Pero no te preocupes la próxima vez procuraré preguntarte antes —respondió amargamente.
Daniel notó aquello y supo que había herido las intenciones de su ángel y pese a sus costumbres por esta vez decidió comer algo específicamente el sándwich que su novio le había preparado.
—Lo siento bomboncito, pero por ti puedo hacer una excepción —sonrió dándole más credibilidad al asunto que ambos trataban y sintiéndose orgulloso al ver la gran sonrisa que se extendía por el rostro de Ben al escucharlo.
Bebió un poco de café y mordió el pedazo de pan que tenía enfrente, el sabor era agradable y como no sí su novio era un excelente chef, disfrutó del desayuno y al terminarlo no se sintió pesado ya que debido a ello es que no ingería alimentos antes de realizar viaje pero admitía que todo lo que su ángel le preparaba era bien aceptado por su estómago.
—Estuvo delicioso, cariño —se felicitó en silencio al notar el sonrojo de Ben pero la sonrisa que denotaba su rostro era envidiable.
Se fijó en la hora, 04:05 le quedaban veinticinco minutos para que su vuelo saliera y al punto escuchó un auto que seguramente era de Derek.
—Ya es hora —suspiró Ben.
—Así es, pero no te pongas triste, solo será una semana, procuraré llamarte seguido, ¿sí? —lo consoló Daniel, el pelinegro asintió.
—Tal vez sea tonto decirlo pero te extrañare —susurró el menor.
Daniel sonrió y no se resistió a darle un beso a su ángel.
Lo tomó de la cintura y lo atrajo hacía sí, con delicadeza colocó la palma de su mano en la nívea mejilla del contrario que al instante se coloreó de un fuerte color carmín, se acercó lentamente al rostro de su amado y lo observó grabando en su mente cada línea, cada curva, cada facción, cada peca, cada lunar, cada detalle presentes en aquel rostro que era suyo y de nadie más, clavó su mirada en aquella azul celeste simulando un cielo despejado o un mar pacífico quizá, no los despegó de allí, rompió todo espacio existente uniendo sus labios con los de Ben, fundiéndose en aquellas alas de mariposa que su amante tenía por labios, bebiendo de aquel néctar que era la esencia pura de su novio, Ben emitió un pequeño jadeo y Daniel aprovechó para lanzar su lengua en dirección a la boca del otro quien lo aceptó gustoso y lleno de ansias, profundizaron el beso necesitando más del otro, como si esa despedida fuera para un largo tiempo, como si todo lo que tenían se acabaría en un segundo, el oxígeno comenzó a hacer falta pero no querían detenerse, los pulmones demandaban aire pero no les prestaron atención y siguieron, sin embargo era necesario parar por lo que Daniel fue reduciendo la velocidad en los besos y se separó llevándose consigo la parte inferior del labio del ojiazul en el proceso.
Abrió los ojos que se cerraron durante el trayecto sublime y celestial que ese beso le hizo hacer, observó con coquetería los hinchados labios del menor y elevó un poco los ojos para darse cuenta del obvio manto rojo en que se convirtió la cara de Benjamin Peterson, lo abrazó y estrechó sus brazos en torno a ese cuerpo delgado pero musculoso.
—Me tengo que ir.
—Te esperaré.
Un último y casto beso le dio al pelinegro y salió.
Al bajar se encontró a Derek y Blake en el auto, entró saludándolos amablemente.
A los pocos minutos entraron al aeropuerto y justo en ese instante su vuelo fue anunciado.
Se subieron al avión y Daniel descanso la cabeza en la ventanilla deseando poder quedarse allí con el amor de su vida.