Hoy era lunes y Daniel deseaba ver a su ángele, faltaban pocos minutos para las once de la noche y extasiado se subió a su increíble auto rumbo al lugar de trabajo de su novio.
Aparcó y para su suerte el restaurante estaba cerrando.
—Hola ángel —saludo bajándose del auto.
—Hola Daniel —respondió el ojiazul y se acercó al mayor para darle un pequeño beso en los labios.
— ¡Hola Daniel! —Cinthya, Diane y Steve lo saludaron emocionados.
—Hola Diane y hola Cinthya, amm también, hola Samuel.
—Steve, me llamo Steve —contestó el castaño.
—Cómo sea, vengo a secuestrar a mi novio.
—Por nosotros puedes violarlo si quieres —comentó Cinthya en forma de burla.
—Y así dices llamarte mi amiga —replicó el pelinegro.
—No importa sé que me quieres, siéntete libre de irte con Daniel, yo llevare a los chicos a su casa.
—Gracias, vales mil Cinthya —agradeció Daniel y con eso arrastró a su novio al interior del auto.
—No era necesario venirme a traer Hasta aquí Daniel, ya es tarde —dijo el pelinegro después de un breve momento de silencio.
—Me encanta que te preocupes por mí, pero el menor en cuestión aquí eres tú, así que en realidad yo debería ser el que me preocupe por ti.
—Lo sé y te lo agradezco pero me importa mucho tu seguridad......
— ¿Y qué pasa con la tuya?, eres más pequeño que yo Benjamin, eso te hace aún más vulnerable.
El menor sólo suspiro cansadamente y recostó la cabeza en el vidrio de la ventana sintiendo sus párpados cerrarse por el movimiento del auto.
Daniel se estacionó en el parqueo de su edificio y se volteó hacia su novio.
—Benjamin, despierta, ya llegamos —susurró con la esperanza de que su amor le hiciera caso.
—No, me siento cómodo aquí, déjame dormir —replicó haciendo un pequeño puchero que a los ojos del ojiverde le pareció enternecedor.
—Te prometo que si sales conmigo podrás dormir todo lo que quieras.
El ojiazul asintió y salió del auto dando cabezazos de sueño.
Subieron por el ascensor Hasta llegar al departamento del moreno.
Daniel abrió la puerta y dejo pasar a su novio, como cosa curiosa antes de salir había preparado café, así que tomo un taza y se la extendió al pequeño que tenía un paso más en el mundo de los sueños que en la realidad.
Acepto gustoso el café y con el primer sorbo su mente se despejó.
—Gracias Dan —y enrojeció al instante dándose cuenta del apodo cariñoso con que había nombrado al mayor.
—Me gusta, no te preocupes, pero yo que tú ahora mismo le enviaría un mensaje a mi hermana para que no se ponga histérica al darse cuenta que no llego —le sugirió el de ojos felinos.
Benjamin saco su teléfono y escribió un rápido mensaje para su hermana.
"Lizzy, Daniel paso por mí al trabajo y me invito a su departamento así que hoy no llegare a dormir, avísale a Luke y Jocelyn no quiero que se preocupen.
Att: Ben"
Al momento recibió una respuesta.
"No te preocupes hermano mayor, yo les aviso, que tengas una linda noche con Daniel
Y quiero tu virginal trasero aquí mañana temprano
Att: Elizabeth"
Su hermanita tan oportuna como siempre, dejó escapar una pequeña sonrisa.
— ¿A qué se debe esa sonrisa? —preguntó el moreno al ver a su novio sonreír como tonto a la pantalla.
—Elizabeth, haciéndome reír con sus mensajes—volteo el teléfono con la intención de que su novio viera el ocurrente mensaje.
Daniel soltó una pequeña carcajada.
—Tú hermana si sabe cómo hacerme reír—comentó mientras reía.
Ben se encontraba hipnotizado por la imagen de Daniel riéndose, pues nunca se cansaba de hacerlo.
—Amo tu risa —lo soltó sin darse cuenta, provocando que Daniel dejará de reír.
—Y a mí me encanta la tuya —se sentó a la par del menor.
El pelinegro se removió en un escalofrío debido a una corriente de aire frío que lo golpeó desde una ventana abierta
— ¿Crees que sea buena idea irnos a dormir? —preguntó algo incómodo.
—Por supuesto—ambos se levantaron en dirección a las habitaciones.
— ¿Dónde están los cuartos de invitados?—preguntó de nuevo el menor.
— ¿Por qué quieres saberlo?
—Pues porque quiero saber dónde dormiré —Daniel freno de pronto y se volteó hacia su ángel
—A no Benjamin, tú dormirás en mi cuarto, en mi cama y conmigo —demandó en tono elevado.
—Lo-lo siento, n-no quise incomodarte.
Daniel se dio cuenta de su estupidez y de inmediato quiso remediarlo.
—Oh, lo siento no quise hablarte así, pero el asunto es que ya somos novios Benjamin y para mi es normal que duermas conmigo —se justificó.
—Está bien, perdóname tú a mí.
Daniel condujo a su chico hacia su no tan pequeño cuarto, pintado en tonos rojos, blancos y negros.
—Wow —el asombro de Benjamin era notorio, la cama de Daniel era dos veces más grande que la suya y estaba cubierta por edredones blancos y rojos, una combinación muy acertada y tratándose de Daniel no le sorprendía en absoluto.
—Asumo que no tenías pensado quedarte a dormir aquí así que toma —dijo el de ojos felinos extendiéndole unos pantalones negros con una playera azul, una combinación sobria para su chico.
— ¿Dónde está el baño? —preguntó.
El mayor le señaló una puerta roja, Ben entró al dichoso baño y casi se le desencaja la mandíbula, el baño era amplio con baldosas en color blanco hueso, la ducha estaba cercada con una puerta totalmente transparente, el lavamanos era inclusive más grande y se atrevió a abrir un cajón en donde su hermana hubiera saltado de felicidad al ver lo que ahí había. .....Toda clase de productos para el cuidado del cabello.
Cerró el cajón rápidamente para no parecer entrometido y procedió a ponerse el pijama.
— ¿Ya estás listo?—preguntó el ojiverde quien ya se hallaba ataviado de unos pantalones morados con lentejuelas y sin camisa lo que dejaba a la vista su bien trabajando abdomen.
Y Ben se preguntó si su novio también utilizaba ropa interior brillante.... Desechó la idea de inmediato.
—Emm si —se metió bajo las mantas y se colocó en la orilla de la cama.
Daniel apagó la luz y la habitación quedó en la penumbra.
Después de un rato Ben no conseguía dormir, se sentía sumamente nervioso al estar en la misma cama que el moreno.
— ¿Benjamin? —llamó el mayor.
— ¿Mmm? —contestó el pelinegro.
— ¿Puedo darte un beso de buenas noches? —preguntó de nuevo.
—Sí, si puedes.
Daniel se acercó a su novio y con los ojos cerrados busco a tientas su rostro, encontró sus labios y se abalanzó hacía ellos en un beso necesitado y urgente.
Ben por su parte se sorprendió ante la agresividad del beso pero no dudo ni un instante en seguirlo, con cada beso aumento la necesidad de profundizarlo y pronto comenzó una guerra por saber quién de los dos besaba mejor.
El mayor se colocó encima del ojiazul, y teniendo cuidado de no incomodar al pequeño, dirigió su mano al inicio de la playera de su novio y lentamente comenzó a introducirla.
El pelinegro se tensó ante el tacto.
—Calma cielo, sabes que yo no te haría daño —Daniel trataba de tranquilizarlo.
El menor se relajó y dejó que el moreno siguiera con lo suyo.
Daniel pasaba con parsimonia sus manos por todo el torso, sentía los músculos marcados y las pequeñas cicatrices que en él tenía.
*****
Ben deseaba también tocar y sentir con mayor claridad al chico que tenía encima, pero no se atrevía, al menos no hasta que Daniel tomó su mano y la enlazo a su cintura, con algo de indecisión el menor subió por la espalda ancha de Daniel, acariciando y arañando, sintiendo miles de corrientes atravesar su cuerpo.
El moreno abandonó sus labios para bajar por su cuello y mordisquear juguetonamente esa zona, haciendo que su novio jadeara pesadamente.
— ¿Da-Daniel, qu-qué me estas ha-hacien-do? —las palabras salían entrecortadas.
—No puedo decirte lo que ni yo mismo sé —y siguió bajando lenta y tortuosamente por el pecho, delineando con besos cada línea, cada vello y cada detalle presentes en su ángel, sintiendo cada vez que besaba alguna parte, que su pequeño lo aruñaba y le encajaba las cortas uñas con mayor fuerza y desesperación.
Eran dos cuerpos explorándose y encontrándose a cada toque, a cada roce, como si Benjamin fuera gasolina y Daniel el detonante, juntos creaban fuego, un fuego que los embriagaba y los consumía a ambos.
Benjamin lo tenía a su merced.
Pero el momento se detuvo cuando llegó a la cinturilla de los pantalones, fue ahí donde Ben se apartó bruscamente.
—Daniel yo...No estoy listo para...Eso —se disculpó haciéndose bolita en una esquina de la amplia cama.
—No te disculpes, creo que fui muy rápido, entiendo que aún te sientas incómodo por eso- el de ojos felinos se acercó con cuidado a su chico, tratando de no incomodarlo, lo calmó el hecho de que cuando se situó a su lado el contrario se desenvolvió de su posición adoptando una más relajada.
Ben se acercó y colocó su mano en la mejilla del otro viendo la expresión de decepción que ahora tenía.
—Sé que para ti es importante satisfacer tus necesidades...físicas, y yo aún no puedo darte eso, no sé si sea por mi falta de confianza y con esto no quiero decir que no te tenga confianza porque no es así, al contrario, yo confío en ti, en quien no confío es en mí para hacerte feliz.
Sintió al momento como los labios de su novio se curvaban en una amplia sonrisa bajo su tacto.
—Tienes razón, tengo necesidades físicas que cubrir, pero no estás preparado y te entiendo, además yo no deseo sólo tú cuerpo, sino tu corazón y todo lo que conseguirlo conlleve, lo aceptaré porque tú eres lo más importante para mí, no me importa esperarte días, meses o años, pero quiero que cuando te sientas listo para ello sea porque así lo quieres y porque estás seguro, no te presionare, porque el simple hecho de tener tu compañía ya me hace feliz, tú me haces feliz.
—Te quiero Dan.
—Y yo a ti bomboncito.
Ambos se acostaron cada uno en su debido lugar, pero Ben tratando de remediar lo ocurrido hace solo unos momentos se atrevió a enroscar sus brazos en el abdomen desnudo del contrario y esconder su cara en el pecho.
-Buenas noches Daniel, descansa.
—Y tú también mi pequeño ángel.
Y así los dos acurrucados y envueltos en sus propios brazos se quedaron plenamente dormidos.