*Oscuridad...
Murmullos...
Voces...
Ben no podía ver nada, todo a su alrededor era oscuridad, a lo lejos podía escuchar gritos desgarradores llenos de dolor y miseria...
De pronto una luz impactó su rostro y parpadeó varias veces antes de enfocar la escena que se suscitaba enfrente de su persona.
Estaba en el estudio de su casa, su padre se encontraba con una fusta larga y gruesa, que dejaba caer pequeñas gotas de sangre, los gemidos de un niño llamaron su atención.
La respiración se le cortó al darse cuenta de que en efecto, era él, gruesas lágrimas surcaban sus mejillas, la espalda estaba teñida de líquido rojo que no mostraba señales de querer detenerse.
—No sabes cómo te odio, nunca creí que mi propio hijo me traicionaría así.
Otro golpe y más llanto por parte de él.
De un momento a otro ya no contemplaba la escena, sino que la vivía como si estuviera ocurriendo nuevamente, el ardor y dolor en la espalda se sentían reales.
— ¿Cómo es posible que seas así?, ¡no eres mi hijo!, ¿entiendes? —la voz de George estaba llena de furia, Ben en ese tiempo tenía once años, y su padre no se habría enterado de ello si no lo hubiese escuchado hablar con Andy y presenciar el "beso" que el rubio le había propinado, ante lo cual supo que a su hijo mayor le gustaban los hombres.
—No te reconozco, maldito el momento en que fuiste concebido, te detesto, te odio, ¡no eres mi hijo! —las palabras de George era lacerantes para su pobre alma.
—Pero...pa-pá...soy...tu...tu... hijo —otro golpe y más dolor.
—Me enfermas, Benjamin, ¿qué hice mal contigo? —los golpes cesaron.
Nada, en realidad George no tenía la culpa, la culpa era de Ben, se sentía sucio e infeliz, no supo cuándo o cómo es que le comenzaron a gustar los hombres, simplemente surgió, ¿era tan difícil de comprender?
Se odiaba a sí mismo, daría lo que fuera porque en estos momentos alguien acudiera en su ayuda, pero no, tanto Elizabeth como Andy se encontraban en internados, su hermana lo visitaba una vez al mes, Andy acaba de irse hacía unas horas, Emily salió con el pequeño Charles al médico, de modo que cuando Andy y Emily se fueron, su padre aprovechó para propinarle a su primogénito una lección que jamás olvidaría.
No importaba cuanto lo pensará, Benjamin sabía que no podía cambiar Lo que era, su padre lo podría moler a golpes y aun así él seguiría siendo gay.
De todos modos jamás podría complacer a George, su odio era notable, sabía cuan rudo podría ser su padre, rebelarse no era una opción.
Tirado en el suelo, lamentaba su putrefacta existencia, si tan sólo pudiera dejar de sufrir...Pero no, los castigos de George eran brutales en extremo.
Se comenzó a levantar lastimeramente, una patada de su padre lo impidió.
—A no, no te irás de aquí hasta que acabemos.
Ben estaba denigrado tanto en cuerpo como en alma, en definitiva estaba perdido*
Elizabeth se hallaba retocando su maquillaje, eran ya las siete de la mañana y como cosa curiosa Ben aún no se había levantado, lo que le pareció extraño, pues su hermano era el primero en levantarse.
Así que decidida a verificar lo que pasaba cuando...
–¡¡¡No!!!
Un grito proveniente de la habitación en la que su hermano durmió le puso los pelos de punta.
Rápidamente acudió presurosa a dicho cuarto, la escena que estaba ante sus ojos la dejó sin aliento...
Su hermano, su querido hermano se removía en la cama, los jadeos eran intensos, Ben estaba teniendo una pesadilla y por la forma de moverse sabía que lo estaba afectando demasiado.
—¡¡¡Andy!!! —gritó desesperada.
Al momento el rubio entró a la habitación y con la mirada le suplico al Lizzy que le explicase lo que ocurría.
—Ben, ¡hay que despertarlo, ahora! —demandó la chica.
Andy se situó al lado de Ben y tomándolo de los hombros lo sacudió firme pero suavemente.
—Ben, Ben, despierta.
Pero no, Ben seguía en la inconsciencia.
—¡¡¡Vamos Ben, despierta!!! —de inmediato el ojiazul abrió los ojos, pero no pudo pronunciar palabra, su respiración se cortó, sentía que se ahogaba, el pecho se le oprimía impidiéndole respirar apropiadamente, ¡¿esto no podía ser cierto?!... ¡otro ataque de asma!
—Ben, Ben, ¿tú inhalador, dónde está? —preguntó angustiada su hermana.
—En...mi...habita...ción –cada palabra fue acompañada por un intento fallido por respirar.
Elizabeth corrió hacia su habitación, no podía dejar a su hermano, no así.
*****
Daniel se hallaba deliciosamente dormido, el olor de Ben en las sábanas se había convertido en su aroma favorito.
—¡¡¡No!!! —un grito desgarrador lo sacó de su somnolencia.
Al poco tiempo otro grito lo hizo sentarse en la cama.
—¡¡¡Andy!!! –supo que era Elizabeth, su tono era desesperado.
Se hallaba meditabundo cuando de repente la puerta de su cuarto fue abierto abruptamente.
—Daniel —Elizabeth suspiró con alivio.
—Elizabeth, ¿qué pasa? —preguntó alarmado hasta cierto punto.
—Ben, él está... Está... —La chica no podía hablar debido a su alteración.
—Cálmate —la chica respiró, buscó en el cajón un pequeño artefacto que Daniel reconoció como un inhalador.
—Es Ben, tiene una crisis —no necesito escuchar más, tomó una bata de seda verde y se cubrió, corrió hasta la habitación y se topó con un Andy asustado y a su ángel respirando con dificultad.
— ¡¿Qué pasa?! –se apresuró a sentarse al lado de su novio y le masajeó la espalda sintiendo pequeñas depresiones en dicha área, casi imperceptibles.
Elizabeth irrumpió de nuevo y colocó el inhalador en la boca de su hermano, Ben aspiró con fuerza varias veces y poco a poco respiró normalmente, no así era incapaz de dejar de temblar, su frente estaba perlada en sudor al igual que su camisa.
—Ben, ¿estás bien? —ella tenía los ojos vidriosos.
— S-sí, no te preocupes Lizzy.
— ¿Qué pasó? —Ahora Daniel preguntaba.
—Ben...Desde hace tiempo...Desde que era pequeño desarrolló asma, mis padr...quiero decir ellos, lo llevaron al médico y por un tiempo pensamos que estaba curado —dijo Elizabeth.
—Bueno hasta ahora creímos que lo estaba, no había sucedido esto de nuevo, al menos no en nuestra presencia, al parecer nos hemos equivocado —declaró Andy con voz derrotada.
Daniel no concebía la idea de que su perfecto ángel padeciera de una enfermedad tan delicada como lo era el asma, lo que lo sorprendió aún más fue el hecho de que el ojiazul no se lo dijera.
—Daniel, por favor quédate con él y cuídalo, no podemos darnos el lujo de dejarlo así y a decir verdad vamos tarde al instituto, ya llamé a Steve, él nos llevará.
En ese momento Ben se sentó dificultosamente con ayuda de Andy.
—No...No pueden irse solos —tosió y se abrazó a sí mismo, pues sentía escalofríos recorrerle el cuerpo.
Daniel lo arropó con una manta y lo obligó a recostarse de nuevo.
—No te preocupes hermano mayor, además, Charles es el único que no sabe de esto, esta desayunando abajo, supongo que no quieres que le digamos.
Ben solo asintió.
—Entonces Ben, déjanos ir, Steve tiene licencia, puede conducir.
A regañadientes el pelinegro aceptó.
—Sólo...tengan cuidado —demandó algo cansado.
—Ten la certeza de que lo haremos —los dos jóvenes bajaron y Daniel escuchó como cerraban la puerta y se volteó hacia su novio.
— ¡Oh mi ángel!, ¿por qué no me lo dijiste? —preguntó aún preocupado.
—No quería...No quería preocuparte —se encogió aún más en la manta.
—Aprecio tu consideración mi vida, pero tu salud es importante.
—Lo sé y te...pido perdón...Pero no...No quería...preocuparte.
—No lo haces...nunca lo harías —lo besó en la frente y ahí se dio cuenta que su amor estaba ardiendo en fiebre.
—Gracias —respondió Ben y le dedicó una sonrisa.
—Ahora me dejarás cuidarte —Ben iba a protestar, pero desistió al ver a Daniel lanzarle una mirada de advertencia.
—Está bien, mientras tú me cuides sé que estaré bien.
—Así me gusta.