Un mes había pasado...
Un mes en el que tanto Daniel como Benjamin eran felices el uno con el otro, disfrutando de la compañía mutua.
Ben ya no se sentía tan intimidado al demostrar su relación sentimental con Daniel, sus hermanos sabían que eran más que amigos pero sin llegar a ser novios, algo así como "amigos con derecho".
Pero por más que Daniel tratara de convencerse a sí mismo de que no podría ir más allá con su amado Benjamin existía el deseo vehemente de conservarlo, de cuidarlo y amarlo como nunca nadie lo había hecho y nunca nadie lo haría... No como él.
Por eso es que decidió que esa tarde lo haría... Le diría a su chico que lo quería y en el fondo esperaba que ese sentimiento fuera compartido y experimentado también por el ojiazul.
Un mes pasó desde aquella primera cita que sin duda... Fue una de las mejores para Daniel...omitiendo la parte del cine y la película.
Ya le era imposible contar cuantos besos había brindado y cuantos había recibido.
Siempre que iniciaban una sesión de besos, Daniel se contenía de abalanzarse sobre el menor y tomar todo de él y es que a pesar de ese tiempo, su querido Ben no dejaba que el moreno lo tocará y si así lo hiciere simplemente se apartaba y trataba de hablar de cualquier cosa para no tratar el tema.
Sin embargo eso no era impedimento para que sus sentimientos fluyeran suaves y certeros a su ya tan roto corazón, pero eso le había servido para que siempre buscará experiencias nuevas y sin duda Benjamin era una experiencia que había llegado para quedarse.
Impaciente aguardaba el paso de los minutos, que se le hacían eternos e interminables, finalmente llegó el momento y salió de su apartamento tratando de tomar valor y así darle a su pelinegro una grata sorpresa que ni se imaginaba.
*****
Benjamin estaba frente a un café, Genie´s para ser precisos, esperaba impaciente a Daniel quien le había rogado para que decidieran tener una cita esa noche, el padre de Cinthya le dio permiso para asistir a su compromiso.
No se esmeraban en vestirse pero algo lo motivo a que esta vez lo hiciera y como no quería pedirle ayuda a su hermana decidió hacerlo sólo, por lo menos estaba decente.
Luego de unos pocos minutos a la distancia observó un Audi color rojo que se aproximaba e inmediatamente supo que se trataba de Daniel.
El auto se detuvo justamente a su lado y la puerta se abrió dando paso al ser más guapo y encantador que Benjamin Peterson había visto en su corta vida... Daniel Sanders.
—Hola dulzura —Ben nunca se acostumbraba a los apodos cariñosos con que el moreno lo llamaba y hacían que se pusiera rojo de la vergüenza.
—Hola, Daniel, ¿por qué insististe en vernos hoy? no es que no quiera verte pero, sabes que tengo responsabilidades.
A Daniel no le cabía en la cabeza como es que este niño, porque para él su ángel aún era un niño, pudiera ocuparse de tanta cosas al mismo tiempo, dividiéndose entre ir a la universidad, cuidar y ayudar a sus hermanos, asistir a la academia de cocina y verlo a él, sin duda era de gran admiración la fuerza y determinación de Ben para con los demás menos para él mismo, pues prefería ayudar y brindarle su tiempo a las personas a su alrededor y eso también era algo de lo que Daniel estaba orgulloso de su chico.
— ¿Daniel... entramos? —preguntó Ben al ver que Daniel parecía estar en otro mundo, el moreno le dedicó una sonrisa coqueta.
—Antes quiero pedirte algo —habló con voz seria.
—Entonces dime —el ojiazul no tenía idea de lo que el moreno le diría en esos momentos.
—Benjamin...Yo...Escúchame bien, en mi vida siempre he considerado el amor como algo efímero y sin importancia, me refiero en el sentido sentimental —Ben asintió indicándole que continuara y Daniel así lo hizo— he salido con muchos hombres y mujeres, han sido demasiados que no puedo contarlos y de alguna manera esas personas corroboraron mi opinión acerca del amor...Pero aunque no lo creas he deseado encontrar a una persona que me quiera como soy y no por lo que tengo o aparento, mi búsqueda ha durado mucho para mi gusto, estuve a punto de darme por vencido...hasta que apareciste tú...Y transformaste mi mundo con tu sola presencia, contigo me siento querido y amado, valorado de una manera que no creí posible, estoy consciente que es muy poco el tiempo que llevamos de conocernos y comprenderé si no aceptas pero...
Daniel sacó de su bolsillo un dije, con una B y una D en el centro entrelazadas.
— ¿Te gustaría ser mi novio? —Ben estaba mudo, las palabras que Daniel le había dicho eran demasiado profundas y tocaron el fondo de su corazón, él también deseaba que lo quisieran, alguien más que no fueran sus hermanos y Daniel lo hacía, sin importar sus defectos, podría decir que quería a ese hombre más que a su propia vida y sabía que si aceptaba le estaría entregando su corazón para que Daniel hiciera con él lo que quisiera.
Claramente ese era un riesgo, un muy dulce riesgo que estaba dispuesto a correr con tal de experimentar ese sentimiento que todos buscan y pocos encuentran, cosa que a él se le había presentado en forma de ojos dorados-verdosos mezclado con encanto y belleza.
Daniel estaba impaciente, el pelinegro no contestaba y pensó que lo rechazaría.
— ¿Ben?, ¡¡¡ ¿Ben?!!! Háblame por favor —suplicó el mayor.
—Per-perdón Daniel yo...Si, si acepto ser tu novio.
Una sonrisa de felicidad pura se instaló en los labios del ojiverde y emocionado como estaba tomó a Ben de la cintura y lo alzó del suelo dando vueltas con él.
Paró y lo bajó delicadamente como si temiera que se rompiera, sus ojos se clavaron en los azules, casi celestes ojos del muchacho y sin dejar de mirarlo se inclinó para atrapar sus labios en un suave beso lleno de amor e ilusiones por parte de ambos.
— ¿Qué...Te parece...Si entramos? —preguntó Ben con la voz agitada.
Daniel sólo asintió y tomados de las manos entraron al café para conversar y pasar un rato agradable como una feliz pareja de locos enamorados.
Ya era tarde y tanto Daniel como Ben se encaminaban hacia la casa del menor, el ojiverde nunca se había sentido más feliz que en esos momentos.
Se bajaron del auto y entraron aún tomados de la mano hacia la gran casa y se encontraron con los hermanos de Ben y sus respectivas parejas, todos en la sala viendo una película que Ben no conocía.
—Hermano mayor ya estás aquí —Lizzy lo saludó desde su asiento y se sorprendió al ver a Daniel con su hermano, bajó la vista y observó sus manos unidas, sonrió y codeó a Steve para que también volteara.
—Ah...Hola Ben y... ¿Daniel? —al escuchar esto Andy y Diane se voltearon inmediatamente.
— ¿Qué hace brillitos aquí? —De por si Andy y Daniel tenían ciertos roces, por lo que a Andy no le agradaba su presencia.
—No se preocupen sólo quise acompañar a mi amor a su casa, ¿es acaso un delito eso teñido? —respondió Daniel.
—Ya cálmense chicos, tú Andy actúas como un hermano sobreprotector tengo dieciocho años, soy mayor que tú, deja de hacer drama sobre mi vida yo no cuestionó la tuya con la zanahoria, Diane por favor ayúdalo con eso y tú Daniel deja de molestar a Andy con eso de "teñido", es rubio natural aunque no lo parezca —Ben trató de calmar el asunto.
— Y a todo esto, Daniel... ¿qué quisiste decir con eso de: acompañar a mi amor? —Elizabeth clavó su mirada penetrante en Daniel.
— ¡Aaaah, pues en que...! —empezó Daniel.
—...somos novios Lizzy —suspiró Ben sabiendo que no podría ocultarle ese asunto a su hermana.
Elizabeth gritó tan alto que Ben podría jurar que se escuchó por todo Nueva York.
— ¿Qué? —preguntó incrédulo Andy mientras Diane les dedicaba una sonrisa de felicidad y Steve simplemente se encogió de hombros.
— ¿Cómo paso?, ¿cuándo fue?, ¿cómo te lo pidió?, ¿por qué no lo dijiste?, ¿te besó?, ¿fue hoy?, ¿aún eres virgen?... ¿Benjamin dime que no han hecho......? —Ben levantó la mano para calmar la euforia que su hermana acababa de desarrollar, odiaba que siempre que hacía un anuncio con respecto a Daniel, Elizabeth y Andy lo atosigaran con el tema de su virginidad.
—Elizabeth, ¿podrías dejar de hablar como perico?, no te daré muchos detalles y puede asegurarte que sigo siendo virgen...
—No por mucho tiempo —soltó Daniel sin querer y Ben se puso rojo de vergüenza.
—¡¡¡Daniel!!! No alimentes su emoción, te odio —Ben dijo lo último en sentido burlón.
— ¿A sí? —preguntó Daniel.
—Si yo te... —El pelinegro no pudo continuar pues el mayor alzó su barbilla y le plantó tremendo beso frente a sus hermanos, los labios de Daniel eran sumamente suaves y deseables para Ben que no dudo en seguirle el beso sin importarle si sus hermanos lo veían o no, se perdió tanto en aquel beso que inconscientemente anudo sus manos en la nuca del mayor creando más profundidad al besarse.
—Ammmmmm... estamos aquí chicos —Steve habló tratando de evidenciar que no estaban solos.
Se separaron y Ben trató de recuperar el aliento, vio a sus hermanos y supo que habían visto lo que acababa de hacer, sus mejillas se tornaron de un violento rojo que si Benjamin no explotaba sería un milagro.
— ¿Decías mi amor? —Dijo Daniel con tono burlesco.
— ¡Cállate! —espetó el pelinegro sumamente avergonzado.
—Lo que tú digas —Daniel se sentó junto a Diane y cruzó las piernas sintiéndose así más cómodo.
—Suficiente, Andy y Elizabeth a sus habitaciones ahora —demandó Ben— Diane y Steve ¿se quedarán o se van a ir? —preguntó.
—La verdad es que ya es tarde y mamá me dio permiso de quedarme aquí, digo si no es molestia — contestó Diane.
—No hay problema, tú y Steve se pueden quedar en las habitaciones de invitados, esta noche dormiré en la habitación intermedia que divide nuestros cuartos de los suyos, para que no hayan accidentes como el de hace unos días, ¿verdad Andy? —el mencionado sólo bajó la cabeza.
FLASHBACK
Hoy Diane se había quedado a dormir en la casa de los Peterson, era tarde y Ben no podía dormir, de pronto escuchó que alguien salía de su cuarto y caminaba tratando de no causar ruido, Ben se levantó y abrió su puerta...observó a Andy tratando de abrir la puerta de la habitación de Diane.
Se aproximó él, lo tomo de la oreja y lo arrastró a su cuarto lo metió a la cama y él también se metió con Andy para evitar que volviera a intentarlo.
FIN FLASHBACK
—Ahora vayan a dormir todos —ordenó Ben con voz firme.
Todos le hicieron caso y sonrió hasta que sintió que alguien le tocaba el hombro, se había olvidado que Daniel estaba ahí.
–Me encanta cuando te pones en modo “papá” —susurró Daniel en su oído.
—Y... ¿tú te irás?
—La verdad no lo sé cariño, ¿tú que dices?
—Me gustaría que te quedarás —dijo Ben algo sonrojado.
—Entonces me quedaré, ¿pero dónde voy a dormir? —preguntó indeciso.
—En mi cuarto —contestó.
Ben tomó a Daniel de la mano y juntos subieron las escaleras, entraron a un cuarto mediano, con paredes grises, un estantes con libros pulcramente ordenados, una cama limpiamente tendida y un armario, todo estaba meticulosamente ordenado y colocado como lo recordaba desde la última...En realidad única vez que había estado aquí, pero en ese momento no le prestó tanta atención.
— ¿Dormiré aquí? —Dijo Daniel alzando una ceja.
—Si —Ben se giró hacia su armario y sacó unos pantalones grises de franela y se los tendió a Daniel pues estaba consciente que el mayor no tenía pensado quedarse a dormir en su casa.
—Toma y buenas noches Daniel —Ben se dirigió a la puerta pero una mano se lo impidió, el ojiverde lo giró de nuevo hacia él dándole un beso urgente y necesitado.
Ben se estremeció pero logró separarse del mayor, agitado sólo pudo darle a Daniel un beso en la mejilla y acto seguido salió.
Daniel sólo sonrió de lado, se puso los pantalones y se metió bajo las mantas que tenían un leve olor a menta y jabón, el olor de Ben, cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño.