Los días sucedieron y Leo se enfocó en sus estudios, había retomado su rutina de siempre: estudios, trabajo y bar. Aunque de una u otra forma se sentía mejor, trataba de mantener su mente ocupada con la esperanza de no atormentarse por nada más. Estaba atendiendo sus clases con normalidad y no se dio cuenta del plan macabro que se suscitaba a su alrededor. Observó por la ventana cómo las hojas de los árboles, que se habían tornado marrones, comenzaban a caer, mientras la suave brisa se colaba por las ventanas y acariciaba su aterciopelado rostro. Suspiró enamorado de aquella mañana, la vista era preciosa y hacía un clima templado, los estudiantes pasaban frente al módulo para dirigirse al jardín que estaba diagonal al mismo, muchos charlando, otros acaramelados, p

