— Vamos —me indicó al salir de la panadería, su voz más serena pero firme mientras yo intentaba liberarme de su agarre-. -No tienes que soportar nada de esto-. Me miró con un leve enojo al notar que continuaba esforzándome por zafarme de su sujeción. Me sentía confundida y preocupada por las posibles consecuencias de no regresar a la panadería, por lo que persistí hasta lograr soltarme y lo miré, mis ojos reflejando angustia. — ¡Nick, ¿qué hiciste?! —exclamé en un susurro, sintiendo el pánico. —¡No puedo creer que hicieras eso! ¡Ahora voy a perder mi trabajo! No sabes cuánto lo necesito... — Mi voz se quebró, la frustración y el miedo a la incertidumbre ahogándome. El trabajo en la panadería era mi sustento, mi independencia, el medio con el que contaba para reunir el dinero para el ab

