Este era un tema que me preocupaba comunicarle, pero para mi sorpresa, a él no le importó en absoluto. Cuando le mencioné en el traductor que había estado casada, su expresión no mostró desdén ni me juzgó por no ser casta. Su respuesta fue contundente y resonó en mi corazón, provocando un suspiro por él: —No ser casta no te hace menos que las demás; sigues siendo una mujer de valor y con hermosas virtudes. Eres un tesoro para otros, aunque ya no lo seas para él. Nala, para mí eres un tesoro de gran valor. No esperaba tal reacción, sino su rechazo, pero él me aseguró que valía y que no era una carga para nadie. Roger, un completo desconocido, logró hacerme sentir en segundos lo que Hakin nunca había conseguido durante el tiempo que compartimos, ni siquiera en los momentos en que creía est

