El día se sentía más pesado de lo que esperaba. Me encontraba en la oficina con Dominica, ajustando varios detalles del refugio, pero mi mente vagaba. Mis ojos se sentían cansados y mi cuerpo agotado, no por el trabajo, sino por la noche ardiente que pasé con Nick. La falta de sueño me estaba pasando factura. De repente, mi celular comenzó a sonar. El remitente no era otro que mi suegra. Sin querer tomar la llamada frente a Dominica, me excusé. —Permíteme tomar esta llamada y vuelvo en seguida— dije, levantándome del asiento y caminando con cierta prisa hacia afuera, sin darle tiempo a responder. Una vez fuera, respondí. —Querida suegra, ¿pasa algo? Es extraño que me llames a mí, usualmente te comunicas con Nick. —Oh no, no pasa nada— respondió con su voz dulce. —Solo te estoy llamando

