Capítulo 12. La premonición.

3852 Words
Nunca he sido de tener sueños, pero esa noche me vi flotando por encima de un edificio muy alto, está cayendo la tarde y hay unos ruidos, llantos y bulla abajo en el edificio, un perro marrón gigantesco machaca a un perro blanco, flacucho y más bien joven, lo está desangrando en la entrada y nadie hace nada, luego el perro es sujetado por unas cadenas negras, aun así se rompen y se esfuma, queda el desecho del perro blanco en el piso, quiero acercarme pero la multitud no ayuda, lo levantan y en ese momento veo a Miguel en la posición del perro. Me despierto sudando de ver la imagen de mi amigo totalmente magullado y ensangrentado; veo la hora en el teléfono y veo que apenas van a ser las 4, quiero hablar con Miguel, pero no es la hora, me levanto a la cocina y me tomo un vaso de agua, no quiero pensar en si el sueño significa algo, pero es evidente que me preocupa Miguel. Después de tomarme un segundo vaso de agua sentado a la mesa, siempre a oscuras, no soy muy fan de encender la luz si realmente no es necesario y mucho menos en tu propia casa donde te conoces bien el terreno; me devuelvo a la habitación y tomando mi teléfono veo que apenas son las cuatro, decido bañarme y vestirme de una vez, a las cuatro y media estoy vestido y listo para irme, pero tengo media hora antes de salir, así que aprovecho para ponerme a leer la lectura que no pude ayer. Avanzo bastante cuando suena la alarma para salir del apartamento, guardo mi lectura en la mochila, me la pongo al hombro y salgo a la estación. Al llegar saludo a los muchachos y a las amigas de Camila de la misma manera que siempre, ella ha vuelto a saludarme más fresca y relajada, noto las miradas curiosas de las amigas de ella en mi cuello, pero cuando las miro están disimulando en ver un presunto letrero por encima de mi cabeza, al llegar al instituto, nos separamos como siempre, pero Camila se devuelve y me da una carta doblada en cuadradito, me encuentro a mí mismo sonriendo como tonto y antes de que pueda decirle algo, sale corriendo y alcanza a sus compañeros. Yo me giro para ir a mi salón, aún tengo media hora antes de empezar clases, cuando entro la luz está encendida y las sillas están ubicadas alrededor del salón, me ubico en la fila que queda contra la pared del mismo lado de la puerta, descargo mi mochila en la silla de al lado y saco la carta que me dio Camila, la desdoblo lentamente pues me da miedo romperla, cuando al fin la despliego su perfume está en la carta, comienza con un tierno saludo, y buenos deseos al igual que una carta a un amigo, sin embargo un párrafo me llama la atención: “Cambiando de tema, quiero que sepas que me pareces un hombre muy valiente y juicioso, quisiera seguirte conociendo, por favor no me presiones para tener algo, sé que un día estaremos juntos y felices, pero por favor, vamos despacio hace poco salí de una relación intensa y veo que te he juzgado basándome en mi mala experiencia, te estoy queriendo mucho y te admiro un montón, gracias por tu tiempo y por esforzarte en que las cosas entre nosotros estén libres de fantasmas o amenazas.” Termina con muchos besos y abrazos, y que me invita a vernos el sábado para almorzar en su casa, que le conteste con una carta similar si lo acepto y una postdata que reza: “la muestra más grande del amor, es cuando el amor sigue a pesar de la distancia”.   Me ha dejado con una cara de atontado, poco a poco van entrando algunos compañeros al salón, entonces rápidamente guardo la carta de Camila en el bolsillo de mi camisa azul del uniforme, luego saco las copias de la lectura que no he terminado y debo tener leídas antes de la clase de seis. La mañana ha pasado relativamente rápido, en el descanso quise llamar a Miguel, pero se me pasó por alto, lo intenté al almuerzo, pero sólo sonó un par de veces y no me contestó, de manera que en la tarde al llegar a mi casa, me desvié un poco para dirigirme a su casa, al llegar a casa de sus tíos timbro en su apartamento pero nadie abre, al cabo de varios intentos sale su tío quien me reconoce de inmediato y me dice: -        Mijo, Miguel no está, no ha venido desde ayer, quizás se quedó donde la novia. -        Gracias señor, que tenga buena noche, pasaré otro día. Me alejo lentamente de la casa de Miguel y volteo por la cuadra de arriba, la que lleva a la panadería del señor Tapias, pero me detengo a mitad de la cuadra en la casa de Esmeralda, sé que ella ya no es su novia o al menos, no oficialmente, pero sé que se han estado hablando últimamente; de hecho no me lo aclaró, pero la última vez que hablamos entendí que sigue con ella al tiempo que con su nueva novia, no sé cómo le hace, pero igual ahora me preocupa saber si está bien. Timbro en la casa de Esmeralda y al tercer timbre me pregunta la mamá de Esmeralda desde una ventana: -        ¿Qué desea? -        ¿Está Esmeralda señora? -        No señor, hace rato que ella no vive acá, ¿Quiere dejarle alguna razón? Yo la puedo llamar y contarle. -        No señora, muchas gracias, paso otro día. Me devuelvo por el mismo camino por donde vine, ya que de seguir avanzando llegaré a la panadería y aunque a estas horas debe estar cerrada, prefiero evitar estar cerca de cualquier cosa que tenga que ver con Mariana. Al llegar a la casa descargo mi mochila y mis libros, mi madre ya está en la casa cuando llego y después de cambiarme de ropa y sentarme a la mesa a estudiar, mi mamá me sirve un café con pan, el que había llevado el día anterior, entonces le pregunto a mi mamá como ha estado y que tal le fue en las ventas del día. Con emoción me cuenta que ha estado fabuloso, que cada día hay entre dos y tres ventas nuevas, que la señora Flor está muy contenta también y que a pesar de que ellas pensaban que podrían tener problemas con la policía por aquello del nuevo código civil, dice que le ha ido de maravilla y que incluso a veces no solo las saludan sino que además las felicitan y les compran, ella dice que quizás ellos van más por saludar a la señora Flor pues muchas veces ella cree que le coquetean. La señora Flor es una señora de casi cincuenta años de edad de cabello largo y n***o, con un par de hijos que aún son muy pequeños pero se los cuida su mamá mientras ella sale a vender sus jugos y empanadas con mi madre, se mantiene muy bien a pesar de la edad y es muy probable que como dice mi mamá, la policía vaya a coquetearle; de manera que me siento tranquilo de saber que mi madre no solo esta juiciosa, con buenos resultados en su negocio de comidas rápidas, sino que además tiene una buena amiga y de forma indirecta está protegida por la policía, no es que me agrade mucho pues la policía casi nunca sirve para nada, pero al menos espanta a los ladrones de la zona cuando llegan en sus motos con sus luces y sirenas  a través de las calles del barrio. Me pongo a estudiar después de charlar un rato con mi mamá, ella apaga su programa de radio y se mete a la habitación. A la mañana siguiente me levanto temprano de nuevo y antes de salir busco una hoja de papel de mi cuaderno, la arranco y comienzo a escribirle a Camila para contestarle que estaré feliz de poder asistir el sábado a su casa, pero después de mucho pensar lo que quiero escribirle, me doy cuenta que ya es hora de salir y no he podido escribir nada, entonces salgo de afán de la casa y al llegar a la estación veo que Camila está esperando una respuesta, pero como no la tengo quiero decirle algo, pero con una mirada nerviosa niega de manera rápida y corta y entramos al bus. Llegamos al instituto y nuevamente nos separamos y el grupo se dispersa en varias direcciones, veo que ella me mira de reojo, pero sigue avanzando con sus amigas al ver que yo agacho la mirada. El día de nuevo es largo, llego a tiempo de encontrarme con Miguel como lo habíamos acordado, entro a la tienda diagonal a la panadería y después de saludar al tendero, desde allí lo llamo, de nuevo el teléfono solo timbra y timbra, decido esperar un cuarto intento y entonces me contesta una mujer: -        Buenas noches. -        Buenas  noches, ¿Este teléfono es el de Miguel García? -        Eso depende, ¿Con quién hablo? -        Mire mi nombre es Daniel Contreras, soy amigo de Miguel, habíamos quedado de vernos hoy y …llevo días intentando ubicarlo pero no contesta. -        ... Sí, Daniel, si hola, Miguel me ha hablado de usted, pero en el momento no puede hablar, ¿Quiere dejarle una razón? -        No, no se preocupe, sólo quería saber si está bien, es que … estoy preocupado, ya sabe, no he sabido de él. -        …Si, él está bien gracias… -        Ah ok, gracias, usted es su novia, ¿Verdad? -        Si…mire, la verdad es que no está bien, pero no sé si debía contarle, él ha tenido un accidente, bueno algo así y está hospitalizado en éste momento. -        …¿Qué le sucedió? -        Mire…Daniel, si de verdad le interesa venga al hospital del norte sobre la avenida séptima, es cerca del edifico de Luxury, ¿Lo conoce? -        Sí, sí, esa es la empresa donde él trabaja, ¿Verdad? -        Por favor venga y hablamos de frente. Cuelga la llamada y me quedo pensativo, tengo que llegar a la casa y contarle a mi mamá, entonces después de quitarme el uniforme  del instituto, le dejo una nota a mi mamá y salgo  corriendo rumbo al paradero del bus que me lleva más cerca del hospital, en el camino atravieso por en frente del supermercado donde está sentado don Benito vendiendo su lotería, entonces me detengo y le digo: -        Buenas noches don Benito, ¿Cómo está? -        Buenas noches joven, bien gracias ¿Y usted? -        Bien, un poquito de afán, pero quisiera pedirle un favor. -        Pues joven a esta hora ya no le puedo vender sino las loterías, los chances ya se cerraron. -        No don Benito, no se trata de eso, pero gracias, es que quisiera pedirle por favor que le de una razón a su hija. Él me mira de medio lado, no parece muy a gusto con mi propuesta, entonces levantando la barbilla me dice: -        ¿Y cómo qué será eso que quiere decirle a mi hija, por qué mejor no espera y se lo dice usted mismo el lunes? -        Es que no sé si pueda esperar, sólo tiene que decirle una palabra, dígale que si, por favor sólo dígale eso. -        ¿Qué sí qué?, ¿A qué le dice que sí a mi hija? -        Don Benito se me hace tarde, pero por favor dígale eso ¿Sí? Le digo esto y salgo corriendo a media cuadra escucho que me pregunta a grito entero: -        ¿Cómo es su nombre? Me detengo y le grito mi propio nombre: -        Daniel, soy Daniel. Entonces levanta una mano que no alcanzo a ver que gesto está haciendo, espero que tenga un pulgar arriba confirmando que comprendió el mensaje y no otro dedo diferente. Llego al paradero y me toca esperar el bus, no hay fila más de dos personas, al cabo de unos diez minutos aparece el bus y viene vacío, ahora tengo que esperar a llegar una hora en promedio. Para mi sorpresa cuarenta minutos más tarde llego al paradero cerca de la empresa donde trabaja Miguel, camino unas cuadras hacia el norte y llego al hospital, entro a través de la puerta de urgencias y pregunto por mi amigo Miguel, pero la recepcionista pareciera hablar en un idioma diferente al mío, porque al inicio me ignora y cuando me pone atención, no responde, vuelvo a preguntar por él y entonces me dice con un tono de timidez: -        ¿Es un amigo suyo que haya ingresado hoy? -        No señorita, él ya está hospitalizado aquí desde el miércoles. -        Ah señor, ya le comprendo, no acá no le van a dar razón, usted debe ingresar por la entrada del fondo, esto es urgencias. -        Vale gracias. Me devuelvo y salgo del ala de urgencias y voy a la entrada del fondo que me indicó la recepcionista, entro y en la otra recepción hay unos cuatro hombres, parecen escoltas de seguridad privada, detrás del mostrador una muchacha también a la que le pregunto por mi amigo, y antes de que ella pudiera responderme una mujer delgada, rubia y alta se me acerca, es un poco más alta que yo y tiene los ojos un poco hinchados y algo rosados, se nota que ha llorado, veo desde donde se acerca y veo que también está allí Esmeralda. La mujer rubia me pregunta: -        ¿Eres Daniel? -        Si soy yo -        Mucho gusto, María Dolores Escalada, soy la novia de Miguel. – Extiende una mano hacia mí, la cual recibo y estrecho – Soy yo con quién habló por teléfono, gracias por venir. -        Cuénteme que ha sucedido. -        Acompáñeme por favor – Me dice, luego se gira hacia la recepcionista y sin pronunciar sonido le da las gracias moviendo los labios – Ella camina hacia donde está Esmeralda, quien me mira de arriba abajo cuando me ve llegar. -        Hola Esmeralda –La saludo antes que ella a mí- -        Hola Daniel. -        Un momento, ¿Ustedes se conocen? – Pregunta María Dolores – -        Sí, es el amigo de Daniel –Dice esto con un sonsonete en la voz – Pensé que ya te habrías alejado de él. -        En realidad así era, pero nunca dejamos de ser amigos, solo tomamos un poco de distancia para que tú y él estuvieran más cómodos. -        ¿Debo darte las gracias? – Me responde Esmeralda- -        No, en realidad no, lo hice por mi amigo. -        Miren, ya paren ustedes dos, si van a discutir se van. -        De acuerdo MaríaD, lo siento. –Gira su cabeza hacia mí y con una voz falsa me pregunta- ¿Qué haces aquí? -        Pues Miguel es mi amigo y supe que sufrió un accidente.- Le respondo- -        No, no fue un accidente, lo atacaron, y mínimo tuviste algo que ver, ¿Verdad? – Sonríe tontamente mientras me pregunta – -        No, no sé de qué me hablas. -        ¿Qué quieres decir Esme? ¿Por qué lo acusas a él? -        No por nada MD, es sólo que éste era un bulto de sal para Miguel, cada vez que estaban juntos en el colegio, a Miguel le pasaban cosas malas, por eso hice hasta lo imposible por separarlos, y lo había logrado, ahora que ha vuelto veo que no me equivoco, nuevas cosas malas le pasan a Miguel, así que uno más uno dos. -        Esme, no armes historias donde no las hay, lo de Miguel no tiene nada que ver con Daniel, o… Eso espero. – Se gira hacia mí y me pregunta- ¿Verdad? -        Pues sí, eso creo, pues hasta ahora no había entendido por qué Miguel se fue alejando cada vez más de mi, hemos sido amigos desde niños, y eso de que le pasaban cosas malas, no es cierto, bueno sí, pero nos pasaban a los dos, y también nos pasaban cosas buenas, es solo que Esmeralda es un poco sobreprotectora. -        ¡UY, ya no más, vete Daniel, no quiero verte! – Esmeralda se enoja y se levanta de su silla, me empuja con una mano y señala hacia la ventana que da a la calle. -        Calma Esme, nos van a echar es a ti y a mi si no te calmas – Le dice María Dolores a Esmeralda- -        Es que de verdad MD, él siempre ha salido con eso, por eso nunca me lo aguanté, y no voy a empezar ahora. -        Bueno, pues hoy no es ayer, y te lo vas a aguantar por Miguel y por mi. – Le dice María Dolores a Esmeralda, quien zapatea y vuelve a sentarse con bastante ira en su rostro, luego María Dolores se voltea hacia mí y me dice – Te voy a contar todo, pero por favor tan pronto sea posible te vas, ¿De acuerdo? -        No puedo prometer eso sin saber cómo está Miguel. -        Escucha, te lo voy a contar, luego te puedes ir, yo te mantendré informado, ¿De acuerdo? -        Bien. Entonces ella me lleva a la silla del lado de la que se encuentra Esmeralda, ella se levanta y sale de la sala, entonces con más calma María Dolores me cuenta lo ocurrido, me cuenta que al parecer Miguel descubrió a un compañero que estaba haciendo negocios sucios en la empresa,  que lo atacó a la salida y lo dejó de hospitalización, pero no saben nada más, me informa que los hombres que están en la entrada están pendientes por si ven entrar al agresor y que a partir de ahora va a estar bien protegido por ellos, me dice que agradece mi preocupación, pero que no puedo hacer nada más ahí, de lo que ellas ya están haciendo. -        Gracias María Dolores. –Le digo – Espero que de verdad se recupere, es el mejor amigo que he tenido, y no me lo vas a creer, pero supe que algo estaba mal desde ayer a la madrugada, soñé que alguien lo atacaba y, bueno, algo así, y me preocupe. -        Te comprendo y te agradezco tu preocupación, no sabía que las cosas entre tú y Esmeralda estuvieran así, de razón Miguel no te ha invitado a nada cuando le he insistido tanto. -        Je je, si lamento eso, no hemos podido llevarnos bien nunca, pero bueno, espero que me mantengas informado por favor. -        Si, con respecto a eso, yo te mantendré informado, pero no le voy a contar a Miguel que estuviste acá, es más que nada para que Esmeralda no arranque un nuevo show de rabietas. -        No veo que tiene que ver una cosa con la otra, pero de acuerdo, ¿Le podré decir en algún momento? -        Si, supongo que sí, pero primero esperemos a que se recupere, lleva en cirugía ya dos días, aunque no consecutivos, pero están tratando de estabilizarlo lo antes posible, lo tienen en coma inducido, ya que casi no puede respirar por su propia cuenta, así que lo operan, lo dejan en cuidados intensivos, lo operan y vuelven, y así, no ha sido fácil. -        Podría quedarme esta noche para que ustedes descansen, -        Te agradezco Daniel, pero prefiero estar acá, pendiente de él. -        De acuerdo, te entiendo, pues gracias y adiós. Te llamaré mañana para tener noticias de él. -        Excelente Daniel, que estés bien. Me levanto y me voy hacia la salida, levanto mi mano en señal de despedida,  le sonrío mientras salgo y me marcho como diría mi mamá: “con el rabo entre las piernas” es evidente que con Miguel dormido y estas dos mujeres acá, mi batalla es pérdida. Cuando me acerco a la salida por el lado de urgencias, veo que Esmeralda está sentada en el borde de un andén de un parqueadero de ambulancias que está vacío, levanto la mano en señal de despedida nuevamente y veo que sonríe forzadamente, entonces se levanta y se va hacia la entrada por la que acabo de salir, llego a la salida del hospital y busco el paradero del bus de vuelta. Al llegar a la casa me encuentro con mi mamá, me ve cansado y un poco decaído, entonces después de preguntarnos el día, ella queda un poco triste y me dice: -        Mijo, usted es un buen hombre y un buen amigo, pero no se desgaste con eso, él está bien cuidado y usted debe mantenerse pendiente de sus estudios, hagamos una oración por su amigo y confiemos en Dios que todo va a estar bien, pero por favor, no se me vaya a deprimir, cada vez que sumercé se me deprime dura buen tiempo sin querer levantarse de la cama, y ya casí termina el semestre, por lo que me cuenta le está yendo bien, no decaiga. -        Si mamá, lo sé, aunque cada vez que las cosas…¡Agh! – Me agarro la cabeza y me apoyo con los codos sobre la mesa, lentamente levanto la cara mientras me froto la cara con las manos.- -        Cada vez ¿Qué? mijo. -        Cada vez que las cosas empiezan a salir bien, algo pasa y las cosas salen mal, es como si allá arriba nos tuvieran es odio mamá. -        No diga eso mijo, él es muy bueno y sabe lo que hace. -        Me pregunto si de verdad cree eso que dice -        Claro que si mijo, lo creo y por eso lo invito a que lo crea también. Cenamos como siempre y luego nos vamos a dormir, a la mañana siguiente me levanto sobre las siete de la mañana, me pongo una sudadera y después de despedirme de mi mamá, me voy a un parque a correr, busco el más seguro de la zona y comienzo a correr y cada vez voy más rápido, entonces me acuerdo de lo que ha sucedido con Mariana, lo que aún no logro con Camila, lo que le pasó a Miguel, lo que me dijo Esmeralda y me da tanta ira que corro y corro sin parar, al cabo de una media hora estoy extenuado, mirando al cielo veo que apenas se está despejando la mañana, el sol pretende brillar pero las nubes amenazan con un buen aguacero, entonces grito y le reclamo a Dios su responsabilidad en esto, los que pasan cerca me miran como si estuviera loco, pero nadie se acerca, vuelvo a correr y busco luego regresar a la casa, en el camino el cielo truena y las gotas comienzan a caer, entonces me contagio del ánimo del día y mis lágrimas corren por mi cara, llego a la casa antes de mojarme los zapatos por dentro, pero lo suficientemente mojado para que mi mamá me diga: -        Supongo que tendremos que esperar para ir a vender hoy, el cielo está llorando.  
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