Capítulo 10. Excusas y aclaratorias.

4407 Words
Me siento desolado después de lo ocurrido, no comprendo que quería Marina de mí, pero si quería separarme de Camila, lo ha logrado, me voy caminando rápido detrás de ella, pero ella solo ignora mi llamado, la alcanzo en un par de ocasiones y la agarro por un brazo, ella solo se sacude y sigue caminando, en la segunda vez me dice: -        Vete por favor. Siento que está herida de verdad y no solo en su parte física, me adelanto y sin tocarla levanto las manos pidiéndole que se detenga y que no le voy a hacer daño, ella me mira con una mezcla de tristeza y rabia, y solo me dice: -        ¿Qué quieres? – Sus ojos se llenan de lágrimas-. -        Quiero hablar contigo. -        ¿De qué quieres hablar? – Su cara se muestra en una mueca de incredulidad- -        Pues de lo que ocurrió. -        Mira es muy obvio lo que ocurrió, eres un imbécil, enamoraste a esa mujer para llevarla a la cama, y después la botaste, así son todos los hombres y sabes qué, ya estoy cansada de lo mismo, así que esta vez no voy a caer, lo siento Daniel, me parecías un hombre diferente y por eso quería intentarlo contigo. La miro sorprendido, pero un poco triste, es evidente que ella si quería algo conmigo, pero aún no ha pasado nada y ya está malinterpretando las palabras de Mariana. -        Camila espera. – Le digo eso, porque veo que intenta rodearme para seguir su camino – -        ¿Para qué quieres que espere? ¿Para que me llenes de mentiras, y yo termine pidiéndote perdón?, ¿Si?, ¿De eso se trata? Miren todos como le veo la cara de idiota a Camila y me la llevo a la cama – Hace una voz falsa tratando de hacer una sátira de mí – ¡Pues no!, Conmigo te jodiste Daniel, ¡YO NO SOY NINGUNA PENDEJA!. – Con un claro grito me esquiva y sigue caminando – -        Camila, por favor detente, no me has dejado hablar, pensaba que eras diferente. -        Más diferente ¿Cómo, más boba? – Se devuelve y me mira a la cara. -        No, no he dicho eso, pero por favor detente. Se detiene, cruza sus brazos, su rostro está lleno de lágrimas, la tarde comienza a oscurecerse, así que todo cobra un raro color azul, entonces levantando una mano como sosteniendo algo y abriendo bien los ojos como preguntando en silencio, me mira y se queda respirando rápido y corto. -        Mira yo intenté de verdad tener una relación con Mariana, pero ella desde el inicio me ha dicho que solo quería sexo. -        Y tú te hiciste de rogar, oobviiiaaameeentee. -        Pues aunque no me lo creas sí, aun así seguí intentando que fuéramos novios, pero ella no quiere, y yo… -        ¿Y sigues insistiendo?, ¿Qué, eres el más pendejo o qué? Supongamos que te creo, que fue ella la que quiso tener algo contigo y se aprovechó del pobre niño inocente, entonces ¿Qué? ¿Qué esperas que haga? ¿Te felicito por hacerte de rogar aunque igual te hayas acostado con ella y luego la olvidaras? -        No Camila, no me interrumpas por favor y escúchame -        De acuerdo, no te interrumpo. – El movimiento de su pie se acelera, es obvio que se está aumentando su impaciencia – -        Te iba a decir que yo no lo había hecho con ninguna chica antes, y ella me gustaba, así que después de pensarlo mucho acepte hacerlo con ella, y todo iba bien, de verdad creí que si éramos novios, salimos dos veces en ese plan y todo era perfecto, un día fui a verla donde trabaja y pues ella estaba coqueteando con otro hombre, entonces cuando le pregunté, se limitó a usar palabras en doble sentido, pero siempre rechazándome, y al final cuando me fui, ella fue hacia el otro hombre y entonces comprendí que yo salía sobrando. -        Digamos que es verdad, ¿Cuáles palabras uso para que tu entendieras que no iban más? Le explico la situación con todo detalle, le repito lo mejor que recuerdo las palabras de Mariana y lo que me sucedió después de que saliera de la panadería. -        Si lo que dices es cierto, explícame lo que pasó ahorita, porque de verdad fue dura contigo y a mí me hizo golpearme bastante duro, y yo no estoy para estar aguantando peleas que no son mías. -        Es que eso no lo sé, no entiendo que sucedió, ni por qué el reclamo. -        Pues entonces acláralo, porque ella estaba muy afectada en serio, se fue llorando, no sé si es que no ves bien o qué. -        Si, si la vi, y quisiera saber lo que pasó, pero primero quería venir contigo. -        Pues yo ya estoy muy grandecita y por ahora no sé qué creerte, pero si quieres algo conmigo, aclara esa situación cuanto antes, y entonces me avisas, porque de verdad, no estoy para estar aguantando este tipo de cosas. Y con eso ella se va y me deja ahí botado a la sombra de unos árboles en la noche, con el corazón partido de nuevo y sin entender que fue lo que sucedió. Dejo que avance unos pasos más antes de coger el mismo camino que ella, luego tan pronto veo que se va acercando a la esquina donde su padre la espera, le grito: -        Camila, no sé si cuando aclare todo aún querrás salir conmigo, pero te prometo que lo haré, y gracias por todo, has sido la mejor cita que he tenido en toda mi vida. Veo que ella se detiene cuando la llamo por su nombre, la calle llena de personas que van y vienen, las luces de los locales comerciales también llenos de gente generan una sensación de una lóbrega escena de una película de los años sesenta, ella se gira lentamente se devuelve los pasos de ventaja que me llevaba, se acerca a mi hasta que siento su respiración, me da un abrazo y sin dejar de mirarme a los ojos me dice muy bajito. -        No sé si estaré interesada en ti cuando lo aclares, o cuánto tiempo te demores en aclararlo, pero por lo pronto, lo nuestro no fue. Me da un beso suave y tibio en los labios mientras ambos cerramos los ojos, luego abre sus ojos y de nuevo tienen lágrimas esperando a caer, entonces me suelta de su abrazo y yo la suelto también, inconscientemente le había correspondido su ternura, entonces se aleja dos o tres pasos para atrás mientras sujeta mi mano izquierda con su mano derecha y me dice, sigamos de amigos, ¿Vale?, pero por hoy déjame sola. Se aleja de nuevo de mí, pero ella avanza medio de lado medio de frente, cuando ve que quiero seguirla, mueve su cabeza negando y finalmente sigue caminando de frente, yo me quedo en la oscuridad a una cuadra de nuestro destino, y decido girar a la izquierda y caminar hacia mi casa. Al llegar a mi casa encuentro que mi mamá está llegando también y le ayudo entrando las cosas con doña Flor, algunas cosas las subimos al apartamento y otras las lleva ella al suyo, nos despedimos de ella y entonces nos entramos y cerramos la puerta, luego ella me pregunta cómo me fue con Camila, cuando le cuento como me termino de ir, pone una cara de ternura y comprensión y me dice: -        Ay mijito, tiene que aclarar las cosas con Mariana, eso no va a servirle de ninguna manera aunque ella quisiera algo serio con usted, mire lo que pasó hoy, hasta le daño un posible noviazgo con Camila. Mijo lo mejor será que corte con todo eso de una vez, o va a terminar escribiendo una novela para sacar en el programa de televisión del medio día. -        Mamá, no me diga eso, no intente compadecerme burlándose de mi. -        Ay mijito, no me burlo de usted, pero es que las cosas que le están pasando de verdad son bastante increíbles…como para novela mexicana. Je je -        Ja ja ja, no exagere mamá, pero gracias por hacerme reír, pero tiene razón, tengo que arreglar las cosas con Mariana, sino voy a tener nada con ella que quede claro entre los dos. -        Si mijo, es lo mejor. Nos fuimos a dormir un poco más tarde y el domingo durante todo el día estuve estudiando, apenas si noté cuando empezó el día y cuando terminó, y lo noté fue porque vi a mi madre salir temprano y regresar en la noche con el día trabajado. Ni me percaté de almorzar hasta que mi mamá me ofrece algo en la noche. El lunes a primera hora cuando llego a la estación, nuevamente están todos los muchachos que van al instituto esperando el bus, obviamente también está Camila con ellos, y está muerta de la risa de algún comentario, pero cuando me ve aparecer se calla de inmediato y comienza a ignorarme, yo saludo a todos los muchachos y cuando me acerco a ella debo tocarle el hombro para que se devuelva hacia mí y me da un abrazo y un beso en la mejilla, es evidente que se está esforzando en ser amable, pero definitivamente sigue ofendida, le agradezco que al parecer no le ha dicho nada de lo ocurrido a ninguno de los otros ni tampoco a sus amigas, o si lo ha hecho disimulan bastante bien. El resto del día y la semana pasan sin mayores alteraciones, ir y venir al instituto, presentar exámenes de los cuales aún no recibimos notas, y de nuevo el viernes salir a tomarnos una cerveza con los compañeros, sin embargo ésta vez hay algo diferente, como si los demás no quisieran que yo estuviera ahí, o quizás sólo sea mi impresión no lo sé, de manera que tan pronto como termino mi primera y única cerveza, me levanto y me despido de todos y me marcho temprano a mi casa. Durante las siguientes semanas las cosas siguen mejorando en mi estudio, de manera que en la mayoría de las asignaturas he logrado tener un promedio por encima de 3.0 al 60% de la asignatura, lo cual indica que manteniendo un buen ritmo de estudio, puedo pasar el semestre y hasta con un buen record, de manera que aunque me siento un poco triste por estar solo, procuro concentrarme en sólo mis estudios y ya, las cosas con Camila se han ido normalizando, pero evidentemente algo quedó dañado y quién sabe si para siempre, al no tener que verme con nadie, ya no me he vuelto a ver con Mariana y en parte agradezco que las cosas sucedan de ésta manera, para no distraerme nunca más. Por otro lado mi mamá con la señora Flor han podido encontrar un carrito metálico con freidora incluida, les ha tocado entregar lo que han ahorrado hasta ahora, pero les permite aumentar su venta, y ubicarse también en un lugar más amplio para no estar teniendo problemas con los vecinos y la policía, de hecho se van al parque donde siguen las filas, pero es más cómodo y rápido atender a los clientes; la que si se sintió incomoda fue la señora Ingrid, ya que ella no podía pagar el arriendo del espacio en la miscelánea, y tampoco quiso poner para comprar el carrito para vender en la calle, así que se ha separado y nuevamente son sólo mi mamá y la señora Flor, ojalá todo les siga saliendo de maravilla. Pasados varios días decido hablar con Mariana, principalmente para aclarar las cosas, así que aprovecho un día de esos que termino temprano en el instituto y regreso sobre las cuatro de la tarde a la estación de transporte cerca del barrio, y en vez de ir a mi casa, aprovecho a pasar por la panadería, al entrar sólo veo al señor Tapias que me mira de arriba abajo y con un tono un poco seco dice: -        Buenas tardes, ¿Qué desea? -        Buenas tardes señor Tapias, quisiera tomar un café por favor. -        No tenemos café ya, por favor vuelva mañana. La mentira es evidente ya que el olor a café flota en el ambiente, pero no quiero discutir con él, de manera que me despido y salgo de la panadería, para evitar inconvenientes cruzo la calle y desde la tienda de la esquina la llamo, suena el teléfono dos y tres veces, pero no contesta, luego cuelgo y vuelvo a intentar, y al primer timbre la llamada es terminada, entonces comprendo que no quiere hablar conmigo, salgo de la tienda y alcanzo a caminar una cuadra en dirección a mi casa cuando escucho que mi teléfono suena, reviso el identificador de llamadas y veo que es ella: -        Hola -        Hola Mariana, ¿Cómo estás? -        Estaba bien, ¿Qué quieres? Aunque su voz es un poco rasposa, sé que es la de ella, sin embargo eso no suena bien. -        De verdad estás bien, te oyes rara. -        Si niño, estoy bien, dime qué quieres o cuelgo. Ha vuelto a llamarme “niño”, me pregunto si lo dice en tono despectivo o en ese de juego en el que ella misma decidió llamarme así. -        Mariana, quiero hablar contigo, pero personalmente. -        No lo sé, ¿De qué quieres hablar? -        Mariana, tu sabes bien de que quiero que hablemos, lo que pasó el otro día, en la calle. -        Ah, eso…- Hay un silencio durante tanto tiempo que siento que la llamada se cortó, voy a preguntar pero su voz me interrumpe – No, no quiero hablar de eso. -        Yo si necesito que hablemos, quiero saber tu y yo que somos, o si fuimos. -        Niño no somos nada, ni fuimos nada -        Si no fuimos nada, ¿Por qué pasó lo que pasó esa tarde? -        Mira niño, si de verdad quieres hablar, veámonos donde siempre. -        ¿En la cafetería? -        No niño, ahí está mi papá, ya sabes dónde. -        Ok, pero quiero estar seguro de algo, el centro comercial, o al otro lado. -        Al otro lado, en treinta minutos. -        De acuer… No termino mi frase, pues ella cuelga la llamada. Camino hasta mi casa y dejo mi mochila con mis cuadernos, copias y demás elementos de estudio, me cambio la ropa y salgo nuevamente, ésta vez tengo que correr para no llegar tarde, ella suele ser puntual, pero mi casa queda más lejos del motel que la de ella, entonces cuando al fin estoy a unos diez metros la veo cruzar la avenida, hemos llegado al tiempo, me detengo en la esquina anterior al motel y la espero, cuando ella llega me mira de arriba abajo, se acerca a mí, me olfatea en el cuello y luego me coge la cara y me besa, agarra mi mano y caminamos juntos a la puerta. Entramos y al igual que siempre pagamos la mitad de la habitación cada uno, pedimos el mismo cuarto de siempre, caminamos hasta él y entramos, cerramos la puerta detrás de nosotros, entonces ella me suelta la mano, se sienta en el borde de los pies de la cama y luego se deja caer de espaldas, quedando con la mirada hacia el techo, entonces sin mirar a ninguna otra parte sube los brazos y me dice: -        No sé. -        ¿Qué no sabes? -        Lo que me preguntaste, no sé. Me acerco a la cama y me siento en el borde, de manera que la miro en diagonal, y continuo con mi pregunta: -        A que te refieres en específico, te he preguntado muchas cosas. -        ¡Ay niño, ¿Por qué me pones a repetir todoooo?! –Dice eso mientras sube los brazos, se agarra el cabello y continúa- ¡lo del otro día! -        Ah ya comprendo, lo del ¿Por qué me hiciste ese reclamo? -        Si eso, no sé y ya. -        ¿Me hiciste venir hasta acá, pagamos habitación y todo para decirme que no sabes? -        ¡Básicamente! ,sí. -        De acuerdo Me dejo caer de espaldas también y ahora los dos vemos al techo, subo mis brazos y entonces le pregunto: -        ¿Quieres que tengamos algo?, me refiero, no solo sexo. -        Te lo he dicho mil veces, ¡NO! -        Quién era el cliente de esa tarde. -        ¿Cuál tarde? -        La última que nos vimos en la panadería. -        No era nadie. -        Era alguien si podía verlo, y lo veía, no estoy loco. -        Ja ja, quizás si lo estás, y hoy estás acá solo y me estás imaginando, quizás no hubo nunca tal cliente ni nunca hemos salido, quizás solo existo en tu cabeza. -        Mariana, te pregunté claramente por él, lo hice ese día y lo hago hoy, no me tergiverses mi historia, no me hagas creer que estoy loco. -        Ja ja ja, eres un llorón, vale, quizás no estás loco, quizás soy yo, y estoy sola acá y te he inventado de alguna parte en mi afán de calmar mi ansiedad por soledad. -        Mariana, no juegues con eso -        ¿Por qué no? -        Después de todo lo que te he contado de mí, que sabes lo mal que quedé después de ese idiota que me embarazó y me abandonó, después de la muerte de mi hijo, creo bastante conveniente pensar que estoy loca y que tú eres un producto de mi imaginación, quizás ni siquiera estoy acá sino en mi habitación y como tú no eres real, si te apuñalo ahora solo terminará la ilusión. -        Ya detente Mariana, me estás comenzando a asustar. -        Ja ja ja, ¿así de fácil te asustas niño? Se levanta y de su bota saca una navaja, la abre y se gira para gatear sobre la cama, la veo venir y alcanzo a quitarme antes que ella me corte, entonces se muere de la risa y vuelve a caer en la cama, deja su navaja a un lado mientras se burla de mí yo estoy de pie al lado de la cama, ella poco a poco se calma, y me dice entonces en un susurro: -        Ayúdame. -        ¿A qué quieres que te ayude? -        Hazme el amor, demuéstrame que esto no es una ilusión. -        ¿Cómo te ayudará el que te haga el amor a diferenciar lo que es de lo que no es ilusión, si la misma te da si me apuñalas o no? Ella se queda quieta, no me mira sino al techo, de súbito se gira hacia donde me encuentro, sostiene su cabeza con una mano y apoya el codo contra la cama, entonces me responde: -        No lo sé, ja ja ja. – Su sonrisa antes sexy, ahora me causa un dolor en alguna parte de la cabeza – tú eres el que me encuentra bonita, así que ven acá, desnúdate y hazme el amor. -        No Mariana no vinimos a esto. -        Estamos en un motel, un hombre y una mujer adultos, yo te deseo y tú me deseas, no hay nadie que nos interrumpa, créeme que si vinimos a esto. La contemplo acostada de medio lado, su pantalón n***o le queda ajustado pero no parece que la apriete demasiado, su ombligo al aire, tiene una camisa gris a cuadros que se ha subido por sus movimientos, una chaqueta negra también y una bufanda de rayas amarilla, gris y azul, su cabello semi-rizado cae hacia un lado sus ojos profundos y sus labios rojos me cautivan, pienso en lo que me ha dicho, y parece bastante lógico, pero yo fui al motel con la intención clara de definir la razón de su ataque a mí y a Camila, fui a terminar lo que hubiera entre ella y yo, no a continuar con algo que me hace más daño a mí del que le puede hacer a nadie y entonces le contesto: -        Sólo esta vez, y promete que no volveremos a buscarnos. -        No lo sé niño, me pregunto si puedes cumplir esa promesa, te recuerdo que tú fuiste el que me llamó. -        La cumpliré créeme, promételo tú también. -        Humm no sé, me gusta poder tener sexo contigo de vez en cuando, me gusta pensar que fui tu primera vez, no sé si puedo prometer no desearte más. -        Promételo o me iré. -        Vete y llamaré a mi amigo del otro día. -        No me respondiste quien es él -        Solo alguien a quien quise probar. -        ¿Lo hiciste? -        Sí. -        Entonces tiene menos justificación tu reclamo. -        ¿A qué te refieres? -        Dices que no quieres nada conmigo, pero esa tarde evidenciaste que es todo lo contrario, y sin embargo tenías rabo de paja, para ese día ya hacía semanas que te había visto con ese hombre. -        Si ¿Y? -        Que si de verdad quieres algo conmigo, no entiendo para que te acuestas con otro hombre, y si de verdad no quieres nada conmigo, no entiendo para que me reclamas tener una amiga, cuando es obvio que tú puedes tener lo mismo que tienes en mí, en otro u otros hombres. -        Como lo dices me haces ver como una perra maldita, que ni hace ni deja hacer. Ella se levanta de nuevo, recoge su navaja, la dobla y la guarda en su bota, entonces se sienta en el lado de la cama que da hacia donde me encuentro de pie: -        Entonces niño, si soy tan maldita, ¿Qué carajos haces acá conmigo? -        Es lo que me estoy preguntando, quizás aún quiero ver el poco corazón que te queda. -        Hagamos algo, lo prometo - Lleva su mano derecha a la espalda y levanta la otra mano como haciendo una señal de juramento.- Prometo que será la última vez, y hoy vienes acá y me buscas ese corazón que dices ver. Su sonrisa pícara me atrapa, me hechiza, me encuentro girando lentamente hacia ella, voy a dar un paso y le digo: -         Que hay de la otra mano, levántala también para que te crea. -        Ja ja ja, Ella suelta una carcajada, baja su cabeza y su cabello se sacude con ella, su olor dulce me llega, entonces se pone en pie, se me acerca, se quita la bufanda y la deja caer al piso, entonces se suelta la chaqueta y la deja caer mientras llega a mi, siento el calor de su cuerpo, me tiene contra la pared, acerca sus labios a los míos y me dice: -        Déjate de bobadas y hazme tuya, sé que me deseas. Con eso me acaricia el pecho, me besa apasionadamente y manda sus manos al cinturón, me lo suelta, yo no puedo resistirme y cedo a sus atenciones, me desabrocha el pantalón, no cae porque ella lo sostiene da dos pasos para atrás y yo paso por encima de la chaqueta, otros dos y estoy pisando la bufanda, luego suelta el pantalón, y este cae, yo le desabrocho también el de ella, pero no se cae, ella baja despacio mientras me acaricia, me recorre las nalgas y las piernas, llega a mis pies y me quita los tenis, luego me saca un pie del pantalón y luego el otro, sube lentamente marcando el camino con una uña por cada pierna, me hace temblar, luego sigue subiendo y me quita mi chaqueta de algodón, estoy en camiseta y bóxer frente a ella, entonces me empuja a la cama y comienza a tararear una canción, se quita su camiseta y queda en brasier, por encima del cual se ven esos senos grandes, redondos, blancos y suaves como la seda, se baja el pantalón moviendo sus caderas, y manteniendo su mirada en mí, luego se quita las botas y se saca el pantalón, queda con las medias tobilleras y viene hacia mí, me agarra la cabeza y me la pone contra su pecho, a pesar de mis pensamientos me dejo llevar y la abrazo, le agarro las nalgas, le bordeo el panty recorriendo su redondo trasero, subo las manos a su cintura y subo a sus senos, se los acaricio y ella empieza a soltar un gemido sostenido, que va aumentando de volumen e intensidad con cada movimiento de mis manos, le desabrocho el brasier y ella sonríe, entonces se lo quita, mete sus manos debajo de mi camiseta y la sube con afán por mis brazos, luego se ríe y se acuesta sobre mí, siento el calor de sus senos, mi erección es inevitable, entonces ella me dice: -        ¿Ves que tú no sabes lo que quieres?, tu cuerpo sí lo sabe, y me desea a mí. Ella me besa en la cara, me besa en el pecho, se levanta y se quita el panty, luego se acerca a mí y después de acariciar mi paquete coge el borde del calzoncillo, y lo hala hacia abajo, asegurándose que mi pene quede libre, entonces lo baja definitivamente y me lo quita, yo me siento y la agarro por la cintura, ella quiere subirse sobre mí, pero no la dejo, con la fuerza que normalmente me caracteriza la levanto y la acuesto en la cama, le separo las piernas y veo que ríe entonces me dice: -        Sácalos de mi chaqueta. Me agacho y busco en su chaqueta y en un bolsillo encuentro un par de condones, entonces me pongo uno y me voy sobre ella, ella abre de nuevo sus piernas y dice: -        Quiero ver que tienes hoy. Entonces me ubico lo bastante cerca de ella, y muevo con mi mano mi pene de manera que ella sienta el roce sobre su vulva, eso la hace sacudirse un poco y entonces cuando estoy cerca de su v****a, con una embestida le saco un nuevo gemido, veo que le gusta y comienzo a hacérselo con toda la ira que me produce verla, es hermosa, me excita, pero me enerva, me hace desear verla acabada, a ella y a toda su locura, la penetro duro una y otra vez, hasta que ella llega luego cuando veo que está más satisfecha, entonces me quito el condón, me pongo la ropa y me voy, no he llegado, pero no quiero más de ella.
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