El lunes temprano me comunico con el instituto, en el cual me ponen cita para el martes siguiente con el fin de llevar documentación y formalizar el proceso de registro, de manera que ese mismo día al terminar la jornada, hablo con el dueño del restaurante para pedirle permiso, él pone cara de pocos amigos cuando le pido el permiso pero luego me pregunta:
- Daniel, no me voy a enojar por darte un permiso, pero pensé que necesitabas el trabajo y éste sería el segundo permiso en un mes.
- Sí señor, lo necesito, pero lo que sucede es que me estoy presentando al instituto técnico y mañana tengo que ir a formalizar la inscripción., el otro día que le pedí permiso también fue para eso.
- Ah bueno Daniel, me da gusto saber que estás considerando estudiar, eso es muy bueno, hubieras comenzado por ahí. Por supuesto que tienes el permiso, pero por favor aclárame hasta cuando vas a estar trabajando conmigo, ya que en ese instituto las clases las dan o bien temprano en la mañana o bien tarde en la noche, el segundo horario no me afecta, pero evidentemente el primero sí.
- Sí señor, mañana que vaya, buscaré que el horario que me quede sea el de la noche para no faltarle al trabajo.
- Excelente Daniel, entonces que te vaya muy bien y nos vemos el miércoles.
- Sí señor, hasta el miércoles.
Salgo tranquilo del restaurante y voy caminando a mi casa, como es lunes, no tengo nada más que hacer en la tarde y quiero ir a ver a Mariana, pero recuerdo la posición en la que está y con un sentimiento de ansiedad e ira me resisto a mi impulso de buscarla, entonces entro a mi apartamento, enciendo la radio y me pongo a escuchar música, luego de un rato recostado en la cama me voy adormeciendo sin pensar en más, cuando despierto escucho ruido en la cocina, reviso mi reloj y veo que son las seis de la tarde, no sé cuánto he dormido pero la emisora que suena evidentemente no es la que yo había buscado cuando encendí la radio, me levanto para ver a mi mamá en la cocina, está preparando algo de cenar, luego cuando me pregunta si he almorzado caigo en cuenta que no he comido nada en todo el día y se lo hago saber, entonces mi madre me sirve un plato con sopa de pollo y un poco de arroz, ella se limita a tomar un café en leche con pan, luego mientras nos contamos el día me dice:
- Mijo, la situación está mejorando, pero es muy importante que se concentre en sus estudios aún si eso significa que tenga que renunciar a todos los demás empleos.
- Mamá no se preocupe, estuve pensando en eso cuando llegué a la casa, y no sé realmente cuales empleos tenga que dejar y cuales podré mantener, pero yo espero poder sostener la mayoría.
- Si mijo, pero por favor prométame que le dará prioridad a sus estudios.
- De acuerdo mamá, se lo prometo.
Terminamos de comer, y yo me quedo un rato sentado en la mesa terminando de ver caer la noche, ella se levanta y apaga la radio, se va a la habitación, dice que está muy cansada porque les ha tocado de pie y se olvidó de llevarse una silla para el negocio, le pregunto desde la mesa si quiere que le compre una pequeña como la que usa don Benito, y me responde desde la habitación que parece buena idea, pero el negocio no les da tiempo de sentarse. A pesar de eso me pongo una meta de comprarles un par de sillas a mi madre y a la señora Flor.
A la mañana siguiente me despierto sobre las seis de la mañana, me arreglo y me voy al instituto para llegar a la cita a las nueve en punto, cuando llego el portero me hace pasar a la oficina que se encuentra al fondo y a mano derecha de la recepción, allí hay unos escritorios altos como los de los bancos, detrás de los cuales se sientan varias señoras por ventanilla, hay tres ventanillas en total y la fila es tan larga que da seis vueltas entre cordones de terciopelo y aún hay más gente llegando, en una mesa a la entrada está una señora sentada que distribuye a las personas a una cartelera o les entrega un turno a los que ya han pasado por la cartelera, además ayuda con la verificación de los documentos solicitados, entonces me acerco a ella y le muestro mi carpeta con todos los documentos, luego le pregunto dónde los puedo radicar y ella me responde mientras revisa la carpeta:
- Veo que está todo en orden, entonces por favor, toma ésta ficha – Me entrega una ficha con una cuadricula donde debo anotar algo como un horario – Y ve a la cartelera que está en el fondo, verifica los horarios disponibles para la carrera que vas a cursar y lo anotas en la ficha, cuando hayas terminado vienes de nuevo a mi y te doy un turno.
- Muchas gracias – Recibo la ficha y cojo un lapicero de un vaso con varios que tiene frente a ella. –
Me dirijo a la cartelera y después de buscar el horario de la carrera técnica informática veo que tiene dos horarios, uno de seis de la mañana a doce y media de la tarde, y otro de doce y media de la tarde a seis y media de la noche, entonces decido optar por el segundo horario, lo anoto en la ficha y me devuelvo a donde la señorita que me dio la ficha, me pide el lapicero y me da un turno para que me forme en la fila. Pasa más de una hora entre lo que me formo en la fila hasta que me atienden de una de las tres ventanillas, luego cuando estoy formalizando la inscripción y me piden la ficha con el horario, me informa la señorita detrás del mostrador que el horario de la tarde está copado, así que me pregunta si deseo continuar con la inscripción en horario de la mañana, evalúo mis opciones y al darme cuenta que la señora espera con impaciencia mi respuesta le digo que sí con un movimiento de cabeza bastante exagerado; entonces ella imprime un horario en una nueva ficha y me la entrega con unas palabras más:
- ¡Bienvenido! Comienzas el lunes a la hora que está en la ficha en esta misma sede.
- Gracias.
Recibo mi ficha y me retiro del mostrador, al pasar por el lado de la señora que está en la puerta se despide de mi moviendo la boca y levantando la mano en un movimiento con la palma de la mano abierta y luego una sonrisa indicando que me despide por momento.
Me devuelvo a mi casa y al llegar guardo la ficha en el mismo cajón donde ahorro para los improvistos y veo que van a ser las once y media del día, lo que significa que aproximadamente me gasto una hora en transporte tanto de ida como de vuelta, eso es bueno porque puedo mantener los empleos de la tarde y los del fin de semana, pero es un hecho que debo renunciar al restaurante, me pongo a preparar un almuerzo improvisado de arroz con un huevo y un poco de jamón que encontré en la nevera, luego me siento a almorzar y de nuevo pongo la radio como sonido de fondo, sobre la una y media me preparo para salir de la casa y me voy a la droguería para comenzar con mi trabajo de la tarde.
El resto del día se pasa relativamente rápido y al día siguiente le comento al dueño del restaurante que no podré seguir trabajando con él sino hasta el viernes, ya que el próximo lunes comienzo mis clases, el señor del restaurante con una sonrisa me dice que ya se lo esperaba y me dice además que si en algún momento puedo cambiar el horario, estará más que contento de recibirme como empleado de vuelta.
Así que la semana se va acabando poco a poco y al llegar el domingo en la tarde estoy más que emocionado y casi no puedo dormir, el lunes en la mañana me alisto temprano y sobre las cinco de la mañana estoy en la estación, llego antes de las seis y me doy cuenta que si bien mi día comienza todos los días a las seis y media, a esa hora salen muchos estudiantes de mi barrio también para el mismo instituto, así que en el bus ellos en particular me miran un poco hasta que entonces Camila se me acerca, ella es mucho más joven que yo, tendrá unos dieciocho años, pero por alguna razón es conocida en el barrio por las personas que uno podría llamar “buenas”, es una muchacha delgada de cabello castaño y ojos grandes, tiene algunas pecas en la cara, pero eso le da una gracia especial; entonces cuando está a un metro de mí en el bus me dice:
- Supongo que eres nuevo.
- Si lo soy, tu eres Camila ¿Verdad?
- Si, ¿Tu cómo sabes mi nombre?
- Supongo que por tu papá, en todo lado suena que la hija de don Benito esto y aquello.
- Si, supongo que tengo una buena reputación. ¿Por qué es buena verdad?
- Si, a decir verdad todo lo que he oído de ti es bueno, ¿Hay algo malo que hayas hecho y no sepa?
- Ja ja ja, Quizás lo hay, pero no te lo voy a decir. Aun así quiero que me conozcas por mí y no por mi reputación o mi papá. –Extiende una mano hacia mí y me dice – Mucho gusto, Camila Paz.
- Mucho gusto, Daniel Contreras – Le respondo extendiendo también mi mano y sonriéndole.
- Ven, hazte con nosotros, a esta es más bien seguro, pero siempre es bueno estar en grupo.
Me hace señas con su mano de que la siga moviendo la mano hacia ella y se va alejando lentamente, no tengo que pensar mucho y comienzo a seguirla.
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El tiempo ha ido pasando, llevo más de tres meses estudiando y cada día termino más cansado, entre el estudio, el trabajo de las tardes y el del fin de semana, ya no me queda tiempo ni para hablar con Miguel así sea por teléfono, las charlas con mi mamá se han ido acortando y me acuesto bastante tarde haciendo las actividades, lecturas y demás cosas del estudio, entre lo que me dan del instituto con lo que recibo por los otros empleos estoy ganando mucho más del salario mínimo, pero mis notas están muy bajas y estamos a mitad del segundo corte, con dolor en el alma creo que voy a tener que renunciar también a los empleos de la tarde, aunque eso evidentemente me afectará los ahorros, por otro lado con dos meses más del instituto más lo que me hago en los fines de semana, alcanzaría para comprarme un ordenador portátil de segunda, ya lo fuimos a ver con Camila, lo que me ayudaría a disminuir tiempos y quizás hasta pueda conectarme al internet del edificio donde vivimos con mi mamá. Por otra parte Camila se ha vuelto un apoyo increíble, no solo me ha apoyado con salir en grupos desde y hacia el barrio, sino que también me ha ayudado a conseguir muchas copias y material de estudio de otros estudiantes de mi carrera que van más adelante, lo que me ha ayudado a ahorrar bastante y me comienzo a relacionar con personas nuevas que están planteando mejores situaciones académicas. En cuanto a mi corazón, no tuve tiempo de hacer el duelo por lo de Mariana, pero aunque me encantaría intentar algo con Camila, y a veces incluso pienso que sería correspondido, por la forma en que me mira, su sonrisa, y su incondicionalidad pienso que sí, pero luego veo que ella ya tiene novio y que se porta de manera similar con todos, entonces lo más seguro es que solo esté siendo amable conmigo, por eso no me animo a invitarla a salir, y también es cierto que no sé cómo haga ella, o quizás sea porque ya va más adelante que yo y su carrera quizás sea más sencilla no lo sé, o tal vez la más obvia, ella es increíblemente inteligente y no un burro como yo.
En la mayoría de las asignaturas los demás compañeros comprenden bien todas las temáticas, y si no las comprenden, al menos sus notas no están tan malas como las mías, así que varios profesores me han recomendado trabajar más duro para nivelarme con los demás, y los más optimistas me dicen que con buen esfuerzo y dedicación saben que lo podré lograr puesto que si no quedé en lista de espera, significa que tengo todas las capacidades para dar un mejor resultado.
Las cosas de mi mamá también van bien en lo económico tanto mi mamá como la señora Flor se ven más animadas, a la otra señora Ingrid, no la he conocido, pero dicen que también ha comenzado a irle mejor y que ya casi no tiene perdidas, de hecho están planeando ver si pueden arrendar un espacio mayor, en la miscelánea les han dicho que con gusto les ampliarían el espacio, pero entonces se desdibujaría el acceso de la misma, entonces entre mi madre y la señora Flor, los domingos están caminando el barrio para encontrar un mejor lugar. Lo mejor de todo esto es que mi mamá ya no se la pasa aburrida en la casa, de hecho ahora si no es porque necesitamos dormir o los fines de semana, ya no necesitaríamos pagar más el arriendo, pues ya casi nunca estamos en el apartamento, cada uno tiene su espacio y nos apoyamos de vez en cuando con nuestras tradicionales charlas antes de dormir.
Día a día me transformo más en un estudiante y menos en ese empleado todero que no tenía miedo al trabajo duro, mi madre me educó para tener siempre la mejor actitud y ser un hombre trabajador, pero la parte académica la había dejado siempre en manos del colegio, al salir por falta de recursos y de información no pude ponerme a estudiar, la situación militar obligatoria en mi país la resolví con el ejército de manera muy sencilla, después de ser seleccionado para prestar el servicio militar, fui enviado a un batallón donde nuestro entrenamiento para el combate consistía en barrer las hojas por seis meses y luego nos enviaron a otro batallón de servicios en un municipio llamado Armenia donde estuvimos otros seis meses barriendo hojas caídas de los árboles, lo más difícil fue la convivencia con los compañeros ya que la mayoría tienen todo tipo de costumbres y suele ser un poco complicado relacionarse bien con ellos, afortunadamente yo no solo no me metí con nadie sino que además quedé como “protegido” por un grupo que era más bien amable conmigo. De todo eso sólo aprendí a hacer mucho ejercicio, brillar bien mis zapatos, barrer hojas caídas, lavar baños y bueno, algo de verdad útil fue volverme más ordenado, por otra parte debo reconocer que no todos tienen la misma suerte que yo, pues a muchos los mandan a zona roja y nunca más regresan. No puedo ni imaginarme que habría sido de mi madre de haber sido enviado a una de esas zonas y no haber vuelto, dicen que a uno cuando es hijo único o su madre se encuentra sola no le toca prestar el servicio, en mi caso si me tocó, pero quizás por esa razón no enviaron a mi grupo al campo de combate.
Luego del año de servicio, me dediqué a rebuscarme la vida, básicamente por apoyar a mi madre y como ella misma dice, evitar que me vaya en malos pasos, ya que ella no me permitiría que me hubiera juntado con los amigos de Nataly ni con los que me asaltaron después de mi separación con Mariana, recuerdo bien que en una ocasión me ofrecieron junto con Miguel hacer parte de un grupo que aunque éramos todos alumnos del colegio, íbamos a ir a robar a un supermercado, mi madre descubrió lo que hicimos y después de darme una buena tanda de chancletazos por todas partes de mi cuerpo, me obligó a ir a devolver lo robado al igual que a Miguel, y por eso los padres de él la quieren mucho, yo en su momento la detesté, pero hoy le agradezco que haya hecho eso, de lo contrario estaría ya varios metros bajo tierra, porque muchos de los que siguieron en esos pasos, fueron los que la policía redujo en el robo a la tienda del papá de Miguel.
Sí, no es muy grato recordar todo lo que hicimos, pero afortunadamente teníamos varias personas pendientes de nosotros, por eso muchos vecinos nos conocen, pero también algunos nos miran con cierto asco, entre esos el padre de Mariana, es uno de los que estuvo pendiente de Miguel y siempre ha pensado que fui yo el que lo inducía a malos pasos, por eso no me extraña que en todo momento estuviera tan vigilante de cuando me veía en la panadería hablando con su hija.
Pero hoy es un día bastante diferente, hoy me miran con respeto cuando me ven llegar con el uniforme del instituto, salir con el grupo de estudiantes y regresar con los mismos, hoy en el barrio tengo cierto respeto que me he ganado a pulso realizando todo tipo de trabajos, pero creo que a riesgo de quedar como un flojo, debo renunciar a esas personas que tan amablemente me han dado empleos cuando se los he solicitado, hoy entiendo que nunca debí irme a buscar trabajo de todero fuera del barrio, pero esas son las decisiones que lo construyen y hacen que uno se vuelva más fuerte.
Mi rutina se ha transformado desde un muchacho que se levantaba a las seis de la mañana todos los días entre semana y trabajaba de diez de la mañana a siete y ocho de la noche, hasta un hombre que madruga a las cuatro de la mañana, sale a estudiar antes de cinco y regresa a las seis o siete de la noche en los días donde me toca quedarme a trabajar en el instituto aprovechando las salas de ordenadores e internet para realizar trabajos, quedarnos en la biblioteca para organizar y adelantar trabajos en grupo y el fin de semana es pegado al teléfono realizando preguntas a los compañeros o dando por terminadas actividades que no se alcanzaron a completar en las horas de la tarde durante la semana, desayuno y almuerzo en el instituto o cerca de él, mi mamá me ha vuelto a preparar el almuerzo, el desayuno casi siempre es un café con pan que tomo sobre las diez de la mañana y la cena es algo similar que me la prepara con dedicación mi mamá en las noches, mi madre es tan buena conmigo que no sé qué haría de no tenerla.
Son casi las once de la noche del viernes y apenas estoy terminando mi trabajo de fundamentos de programación, mañana tendría que levantarme temprano a trabajar en el mercado, y en la tarde tengo que volver pronto a trabajar en las otras asignaturas, casi no tengo tiempo para dormir, pero voy a mantener la promesa que le hice a mi mamá, no estoy seguro de poder seguir también con los empleos del mercado, pero haré lo posible por no disminuir más mis ingresos y sortear todas las tareas del estudio con los mejores resultados, mi madre se ha ido a dormir hace dos horas, ella afortunadamente no ha tenido que alterar mucho su rutina de sueño, confía en mí, dice que ya soy muy grande para saber no sólo como realizar las tareas sino para mantenerme despierto el tiempo necesario para no dejar nada a medio terminar.
Me preparo para dormir y reviso mi agenda, requiero un ordenador para completar varias guías que están en el correo y para eso tengo que ir al negocio de internet, así que notando que no puedo hacer nada más por la noche de hoy, me acuesto pensando en levantarme temprano al día siguiente a continuar con mis responsabilidades, comienzo a admirar a Miguel y los demás que eligieron estudiar antes que yo, sobre todo cuando los criticaba por estar estudiando y no ganando dinero…