POV Sofía Cuando finalmente llegué a casa, la sensación de angustia que me había acompañado durante todo el trayecto comenzó a disiparse al abrir la puerta. Ahí estaba Salvatore, sentado junto a Lucy, quien jugaba distraída con sus dedos sobre la mesa del comedor. Ambos levantaron la vista al verme entrar, y lo primero que noté fue la sonrisa tranquila de mi esposo, como si quisiera transmitirme que todo estaba en calma. —¡Tía! —exclamó Lucy, levantándose de su silla y corriendo hacia mí con sus bracitos extendidos. Me agaché para recibirla en un abrazo cálido, sintiendo cómo esa pequeña fuerza me llenaba de paz. —¡Mi pequeña Lucy! —le dije, acariciando su cabello. Luego miré a Salvatore, que permanecía sentado, observándonos con ternura. —Ya casi estamos por comenzar —dijo con voz tr

