Pero mi mente, mi maldita mente, no me escuchaba. En lugar de eso, me traicionó con el recuerdo de sus labios, la suavidad de su piel, su aroma que parecía embriagarme. —¡No! —grité con desesperación, llevándome las manos a la cabeza. Pero entonces, como si la vida se burlara de mí, una voz susurró desde el rincón más profundo de mi ser: —¿A quién engañas, Valentino? Eso que sientes… no es odio. Me quedé inmóvil. La respiración se me cortó y el eco de esas palabras me heló. No quería escucharlas, no podía aceptarlas. Pero ahí estaban, clavándose en mí como un puñal. Y lo peor de todo… era que estás amenazaban con ser ciertas. ———————— POV Sofía El telón finalmente bajó, y el sonido del aplauso llenó el aire, mientras todos los presentes se ponían de pie para celebrar. La mayoría, si

