—A ver, ¿qué está pasando? Los dos empleados se miran entre sí, sin saber por dónde empezar. —¡Se nos quemó la comida! —grita el otro. —S-sí, es eso, le pedimos disculpas señor, pero ahora mismo iremos a preparar algo. Ambos dan media vuelta con la intención de ir corriendo a la cocina. —¡Deténganse ahí! —basta oír mi voz, para que ambos se paralicen. —S-señor… —¿Ustedes creen que nací ayer? No huele a quemado, así que más les vale que hablen eso que están ocultando. —Mejor ya dile —dice el otro—. De todas formas, se va a enterar. Gema suspira y no le queda de otra. —Pero antes de que me lo digan, dile a mi esposa que baje a cenar, estoy hambriento y ya es hora que se vaya acostumbrando a hacerlo conmigo en la mesa. —¿S-su esposa? —dice Gema titubeando. —Sí, mi espos

