—Sabes una cosa, cuñado, hace poco vi a una nueva. Debo admitir que, a pesar de verse joven, tiene unos atributos que enloquecerían a cualquier hombre. —Sabes bien que estoy casado con tu hermana, ¿verdad? —Entre nosotros no tenemos por qué ocultarnos tras una máscara, cuñado. Somos hombres, tenemos necesidades, y a veces nuestras mujeres están de mal humor. Conforme más lo escuchaba, más sentía unas inmensas ganas de endurecer mi puño y estamparlo contra su cara. —Claro, con eso no quiero decir que pienso cambiar a una de esas mujeres por Dalila. Simplemente es un poco de diversión. Tengo derecho a divertirme. Aún me considero un hombre joven. Además, mi esposa es realmente muy hermosa. Sin embargo, después del embarazo, se ha vuelto intolerable. Por ello, te doy un gran consejo, cuña

