“¿Acaso estás loca? ¿Planeas que vayamos a vivir con unos pobres agricultores? ¿Me has visto cara de campesino? El único lugar que yo pisaré será la empresa. No pienso ensuciarme las manos con tierra ni hojas secas. Así que más vale que te olvides de ese estúpido sueño porque, como mi mujer, te quedarás de mi lado. Nuestro lugar es aquí, en la ciudad. ¿Entendido?” Durante breves segundos, recordé todas aquellas palabras que Marco me había dicho cuando le hablé de mi sueño. En aquel entonces, estábamos comprometidos. Su reacción fue todo menos comprensiva; se enojó conmigo y desapareció todo un día. Coincidentemente, fue justo cuando Mayte también estaba ausente. No entiendo cómo en ese momento no me di cuenta. Había sido tan estúpida como para no sospechar que ambos se habían ido juntos

