Mis dedos no se detuvieron, por el contrario subieron, hasta atrapar ese par de razones que habían sido los primeros en iniciar con mi locura. No pude contenerme más, y con un movimiento decidido, hice trizas la tela que cubría ese par de pechos. Mis ojos se perdieron en su belleza. —Preciosa… Eres pura belleza. —Oh Salvatore… —ella se mordió el labio inferior. Ese gemido y ese gesto… hicieron algo con mi cuerpo. —Dilo… —la insté, ocultando mi desesperación. —Déjame sentirte… —me pidió. —Eso no tienes que pedírmelo, hermosa, pero ¿sabes lo que ocurrirá si me quito los pantalones? ¿Quieres que continuemos? Porque después de esto, no podré detenerme hasta que seas completamente mía. —Es lo que deseo. Su respuesta bastó para liberarme de mis pantalones, quedando solo en boxer

